martes, 31 de agosto de 2010

lA VIGEN MARIA Y LA ENCARNACION DEL VERBO

LA VIRGEN MARÍA Y LA ENCARNACIÓN DEL VERBO
La Encarnación del Hijo de Dios está entre los tres sucesos más trascendentales de la vida de Jesús, y por ende del cristianismo, junto a la Resurrección y la Crucifixión; y es el más milagroso y por lo tanto el más misterioso, como diría San Pablo “grande es el misterio de la piedad, Dios ha sido manifestado en carne…”(1 Timoteo 3:16); por lo cual es absolutamente comprensible que la adhesión plena a él, sea considerado en la Biblia entre las tres principalísimas evidencias de una verdadera fe y una recta doctrina; como nos dice San Juan en su primera epístola “de esta manera pueden ustedes saber quién tiene el Espíritu de Dios: todo el que reconoce que Jesucristo vino como hombre verdadero tiene el Espíritu de Dios, el que no reconoce así a Jesús no tiene el Espíritu de Dios sino el espíritu del Anticristo”(1 Juan 4:2-3).
Ahora bien, el reconocimiento pleno y verdadero de la realidad de la Encarnación pasa por una serie de matices conceptuales que dan lugar a dos dogmas fundamentales; el primero y más decisivo que se refiere a la definición de la naturaleza de Nuestro Señor, y el que perfectamente ligado a este se desprende inmediatamente, referente al ser de la Virgen María.
Tal y como se nos enseña en este texto de San Juan, la doctrina diabólica impulsada por Satanás contra la Encarnación está presente en el mundo desde los mismos tiempos apostólicos, atentando el espíritu del mal siempre y de diversas maneras contra esta verdad sagrada y cardinal. En aquellos tiempos los gnósticos, primera herejía en el cristianismo proveniente del paganismo, eran los que encarnaban al Maligno promoviendo los errores de que Jesús nunca había sido verdaderamente un ser humano, nunca había estado unido verdaderamente al cuerpo, y cosas como estas; este espíritu del Anticristo permaneció, y en el siglo V se manifestó en la persona de Nestorio, obispo de Constantinopla, que propuso la grave herejía de que en Nuestro Señor había dos personas, una humana y otra divina, que no estaban hipostáticamente unidas, sino que la divina moraba en la humana como en un templo, de donde María no era Madre de Dios como toda la sagrada tradición de la iglesia venía afirmando desde los tiempos apostólicos, apoyados en el texto bíblico(Lucas 1:43), sino que María era madre de la persona humana de Jesús, no de la divina. Aquí vemos la relación tan estrechamente unida e inseparable entre Jesús y María que produce la Encarnación; por lo que convocándose el concilio de Efeso en el año 431 se definieron dos conceptos que son como uno, dos dogmas que son como uno: en Jesucristo la naturaleza divina y humana existen juntas y unidas en una misma persona, Dios verdadero y hombre verdadero; y por consiguiente la Virgen Santísima es verdaderamente la Madre de Dios, o sea la Encarnación no es una yuxtaposición de la naturaleza divina sobre la humana en Nuestro Señor, sino una perfecta e indivisible unidad del Verbo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, con la naturaleza humana en Jesucristo, de manera que María no puede ser madre de una cosa y de la otra no, sino que es madre del único Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre.
Esta doctrina tan decisiva para la salvación, y por ende para la iglesia, siguió estando en el centro de la disputa entre el bando de la verdad y de los hijos de Dios y el bando de la mentira, los incautados por Satanás; por lo que en reacción a los errores de Nestorio, el monje Eustiques cayó en el error opuesto dando lugar al monofisismo, que negaba la humanidad de Nuestro Señor, afirmando que en Jesucristo solo había una naturaleza, la divina; de aquí, por la falta de aceptación y asimilación de estas verdades trascendentes, surgieron las primeras grandes divisiones, iglesias nacionales que se separaron de la comunión con la iglesia católica, y quedaron como iglesia copta, iglesia jacobita e iglesia armenia.
Las Sagradas Escrituras desde sus mismos comienzos en el Antiguo Testamento, nos enseñan la verdad acerca de esta realidad. Desde el mismo instante posterior a la caída del hombre, el Señor, de manera absolutamente oportuna, correspondiente con su infinita misericordia, les promete un Salvador, y también una mujer especial, unida perfectamente a este Salvador, que será como su segunda, la segunda en importancia en esta salvación, será una corredentora, la auxiliadora perfecta de la salvación del hombre y del Salvador; por eso dice a la serpiente, la representación de Satanás, “haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, ésta te pisará la cabeza y tu le herirás en el calcañar”(Génesis 3:15). Esta magnífica e increíblemente maravillosa profecía, la primera de toda la Escritura, y a la vez la primera profecía y promesa mesiánica, no deja lugar a dudas por todo su gran profundo significado, exactitud y belleza; claramente se nos dejan ver dos bandos opuestos que cursarán así toda la historia, la mujer y su descendencia por un lado y Satanás y la suya por el otro; la mujer, en el Antiguo Testamento, tiempo de figuras y tipos, es el pueblo fiel de Dios, que vive en la espera de las promesa mesiánicas, de la llegada del Mesías, tipo perfecto de María, como lo son también todas las mujeres relevantes de esta etapa, desde Eva, madre de todos los vivientes, y antítesis de María, madre de los que verdaderamente viven, como Adán de Jesucristo; Sara, madre y reina del pueblo de Dios, indicado en su propio nombre, y así otras tantas como Ana, madre de Samuel, tipo de María como mujer en que ha sido hecho un milagro de concepción y agradece a Dios con alabanza sin igual(1 Samuel 2:1-10), Esther, reina que ayuda con su intercesión a la salvación del pueblo de Dios, Judith, mujer que recibe la más profusa y bendita de las alabanzas por su victoria sobre el mal(Judith 13:18-20), como María la recibe aún mejor de Elizabeth por su fe con que alcanza la suprema bendición de ser la Madre de Dios, por una vida de perfecta santidad, sin pecado, inmaculada desde su concepción, puesto que Satanás nunca pudo afectarla, nunca pudo dañar su santidad, sino que ella aplasta la cabeza de la serpiente, venciendo al tentador por los méritos y gracia de Nuestro Señor, aplicados a ella de antemano(llena de gracia). En la alabanza de Elizabeth está el reconocimiento de todas las prominentes mujeres de Dios del Antiguo Testamento y de los milagros que en ellas fueron hechos, de la absoluta superioridad de María como la mujer de Dios, y del milagro de la Encarnación, como el más grande que puede ser hecho en una mujer, del cual todos los demás son tipos.
Entonces, por supuesto, llegado el cumplimiento del tiempo y de las promesas, la mujer ya no es solo tipo, sino que en su perfecta realización es María, y su descendencia es Nuestro Señor y también su iglesia, la que dio a luz con dolores de parto(Apocalipsis 12:2) al pie de la cruz(Lucas 2:35), todo lo cual está perfectamente recogido en este capítulo 12 del libro de Apocalipsis, que es el texto conectado absolutamente con Génesis 3:15, y que de manera resumida lo explicita algo, llevándolo hasta el final de los tiempos.
De esta magnífica profecía de Génesis 3:15 y su complemento explicativo de Apocalipsis 12, podemos comprender todo lo referente al ser y al rol de la Virgen María por medio de Jesucristo, concretado a partir de la Encarnación. Este texto nos deja ver, que de la misma manera que Dios desde un principio nos preparó un Salvador, que sería El mismo, también nos preparó una madre, una mujer especial, preservada perfectamente por El, para que pudiera recibirlo en su seno, en sus entrañas, momento a partir del cual quedaría unida a Sí mismo para siempre, de la misma manera que quedaría para siempre con un cuerpo y una figura humana, según su infinito amor, humildad y misericordia, según su infinita gracia; son las consecuencias de la Encarnación, por eso María es Madre de Dios, es Inmaculada desde su concepción, es virgen antes del parto, en el parto y después del parto, es asunta al cielo, insinuado en Apocalipsis 12:14, y es convertida en reina de cielos y tierra a la diestra de Nuestro Señor(Apocalipsis 12:1 ; Salmo 45:10).
Por esto, queda demostrado pues, a partir de toda la Escritura, con base en estos textos específicamente, que como mismo Adán y Eva son responsables de la caída del hombre, Dios dispuso desde un principio a Jesús y a María como responsables de nuestra salvación, a Jesús de un modo principalísimo y absolutamente único y supremo, a María como la perfecta sierva, colaboradora y auxiliadora, por esto ella es como la mano derecha de Nuestro Señor, por esto continuamente aparece en toda la historia de la iglesia, en cualquier país donde esta lucha por abrirse paso, para animar, fortalecer, consolar y ayudar a la iglesia en su tarea de evangelizar al mundo, y quedarse acompañándola allí, como de antemano hizo en su visitación a Elizabeth, la primera de todas sus visitaciones en la historia y base bíblica de todas las demás, donde no solo fue bendecida y alabada en su sorpresiva aparición, que movió el poder de Dios sobre Juan Bautista en cumplimiento de la promesa del ángel(Lucas 1:15), sino que permaneció en el acompañamiento de ésta hasta que cumplimentara su misión de dar a luz al predecesor del Mesías; por eso siguiendo el ejemplo de Nuestro Señor ella también se encarna en los diferentes pueblos, existiendo así por esto Virgen de Guadalupe, Virgen de la Caridad del Cobre, Virgen de la Merced, Virgen de Lourdes, que no es más que la única Virgen María encarnándose en México, Cuba , España y Francia respectivamente.
Así pues hay un grave problema para los que no aceptan a la Virgen María en su verdadera dignidad, pues no están creyendo realmente en la Encarnación del Hijo de Dios que fue precisamente en su seno, y de donde ella recibe toda su dignidad, que hace que todo sea como el mismo suceso y que su cualidad de Madre de Dios forme parte de la auténtica fe en la Encarnación, relación que también reconoce San Pablo, al enfatizar el hecho del Hijo de Dios “nacido de mujer” como demostración de su plena y perfecta Encarnación (Gálatas 4:4); por lo que al formar así Jesús y María un solo bando, un solo equipo de Dios para nuestra salvación, es imposible tener una auténtica fe en Jesús sin reconocer toda la dignidad de María, es imposible agradar a Jesús siendo enemigo de María, pues solo los que están del otro bando, del bando del Maligno y su descendencia pueden estar contra María y de esta forma contra Jesús.
Finalmente, la Encarnación nos enseña que no es válido, sino incluso fanático y farisaico, condenar al hombre en las actividades cotidianas y naturales de su existencia y de las cualidades que Dios ha puesto en él, so pretexto de una gran espiritualidad, que resultaría además evasión, cerrazón y empobrecimiento espiritual y psíquico, no se puede por tanto condenar al deporte, la música, la política, el cine, la televisión, el arte en general, la ciencia y otras tantas cosas que el hombre desarrolla, que no son malas en sí mismas, como predican tantas sectas y cultos espiritualistas, que dicen creer en la Encarnación del Hijo de Dios pero no lo creen realmente, porque no comprenden su verdadero significado, ahogando tantas buenas y legítimas aspiraciones de los hombres; sino que como la iglesia católica ha enseñado siempre, y más aún después del Concilio Vaticano II, estas actividades propias del hombre y de las capacidades que Dios ha puesto en él, no son malas en sí mismas, sino que el pecado que está en él es el que las puede contaminar en mayor o menor medida, como de hecho sucede; por lo cual lejos de marginarse, la iglesia por el contrario se hace presente en todos estos ámbitos naturales del hombre para iluminarlos, corregirlos y purificarlos con la verdad de la palabra de Dios y su magisterio, alentando y estimulando a los hombres a desarrollar sus actividades de manera justa y edificante, porque si Dios, el infinitamente santo y puro, no tuvo a menos hacerse uno más de nosotros y participar de todas nuestras realidades menos del pecado, así la iglesia alejándose del fariseísmo tan condenado por Nuestro Señor, imita su postura de infinito amor, humildad y cercanía, y estimula al hombre desde su realidad a ser conforme a su Sagrado Corazón, enraizándolo cada vez más en su divina palabra, para que viviéndola y practicándola en su seno pueda tener todo amor y entrega a su servicio.
JUAN DAVID MARTÍNEZ PÉREZ.

eL PROTESTANTISMO Y EL MISTERIO DE INIQUIDAD

EL PROTESTANTISMO Y EL MISTERIO DE INIQUIDAD

El misterio de iniquidad, como lo nombra la Escritura en 2 Tesalonicenses 2:7, es toda la obra de maldad que Satanás viene haciendo en el mundo contra la iglesia, desde que ésta apenas nació, y que se verifica en tres grandes formas, las persecuciones violentas y físicas, causándole martirios, torturas y aflicciones de este tipo, representado en un inicio por el poder religioso judío y seguidamente por el poder civil romano, y que se ha seguido verificando a lo largo del tiempo en otros poderes civiles, políticos y religiosos enemigos de la iglesia; las corrientes de pensamiento engañosas que desde el mundo se levantan contra la verdad, propuesta por ella, intentándola penetrar, y que no pocas veces lo logran, representado en la antigüedad por el sistema de pensamiento griego, y en la posteridad por tantas filosofías y corrientes falsas; y finalmente, la forma fundamental y más peligrosa, el surgimiento de herejías dentro de su mismo seno, tergiversaciones impías y malignas del verdadero mensaje entregado a ella por el Señor, que le han acompañado desde los primeros tiempos de su historia.
Esta última es la fundamental y decisiva, por cuanto la iglesia puede y está llamada a sufrir la hostilidad de este mundo regido por Satanás, ya sea con sus mentiras, ya sea con la violencia, pero mientras se mantenga intacta en su condición, no solo no pierde su integridad, sino que se perfecciona y es testimonio y gloria para Dios.
Sin embargo, las herejías si son especialmente dañinas porque atentan contra su pureza, corrompen la constitución misma de su ser, derivando seguidamente en toda suerte de malas prácticas. Por esta razón los apóstoles dedicaron siempre especial atención a la advertencia y lucha contra las herejías, como lo hiciera Nuestro Señor, combatiendo a los fariseos y advirtiendo sobre las contaminaciones de los falsos profetas en su rebaño (Mateo 7:15-23).
Precisamente, a partir de este texto, tenemos el concepto de falso profeta que el Señor introduce, y que nos alumbra, confirmándonoslo en otros pasajes, sobre quiénes son estos personajes. El versículo 15 nos enseña claramente que son hombres que intentan pasar por cristianos, por auténticos cristianos (vestidos de ovejas), pero que en realidad son lo contrario, son enemigos feroces del auténtico cristianismo (lobos rapaces). Por esto en el capítulo 24 de este mismo evangelio, Nuestro Señor nos insiste en que nadie nos engañe(versículo 4), pues haciendo un sintetizadísimo resumen de la historia del mundo y de su iglesia, desde ese momento hasta su segunda venida, nos dice que primero vendrán los fanáticos impostores, que ante la proximidad de la destrucción de Jerusalén y dispersión del pueblo judío en general, empezarán a hacerse pasar por mesías, por el salvador prometido por Dios para los judíos, según ellos lo veían, y arrastrarán a muchos incautos tras sí, lo que aprovecha para advertirnos contra estos personajes, que siempre surgirán ante la posibilidad de algún tipo de cataclismo o guerra, fanáticos que hoy también los conocemos, de sectas de todo tipo, que ante la menor eventualidad abruman a los hombres con toda clase de malos augurios; esta destrucción de Jerusalén, y las sucesivas guerras, enfermedades y cataclismos que se sucederán en la historia, son principio de dolores y nunca la venida misma de Nuestro Señor, que está signada por otros eventos de carácter religioso(la predicación del evangelio verdadero en todo el mundo y la posterior aparición del Anticristo), es su reinado y señorío con vara de hierro sobre las naciones para consumar el plan divino(Salmo 110; Salmo 2).
Pero también de manera paralela, se irá desarrollando el misterio de iniquidad, en un principio matarán a los apóstoles, iniciándose una era de martirios, tribulaciones y odio contra los cristianos bajo el imperio romano; seguidamente el Señor apunta a lo que más señala el desarrollo del misterio de iniquidad, los tropiezos, traiciones y odios que surgirán en muchos y entre muchos, que traerán a su vez el surgimiento de muchos falsos profetas, y la multiplicación de la maldad, con la consecuencia directa del detrimento del amor y los valores más sagrados entre los hombres; pero el que permaneciere, el que se mantenga en la fe original de los apóstoles, dada por ellos a la iglesia católica, el que permanezca firme sin dejarse influenciar por todo este desarrollo diabólico de la maldad, se salvará(versículo 13).
O sea, que un paso decisivo en el desarrollo de este misterio de iniquidad será el surgimiento masivo de estos escandalizados, que tropiezan y se traicionan y odian mutuamente. La Escritura no da ninguna justificación ni atenuante para ello, simplemente hace énfasis en su total responsabilidad y en su absoluta culpa, debido a su falta de fe (en contraste con los del versículo 13), por la que no comprendieron la doctrina y prácticas de la iglesia, que podían ser bien distinguidas de los abusos que pudieron haber sido cometidos. Por tanto todos estos escandalizados, autoproclamados reformadores, tropezaron, dieron un decisivo paso en el desarrollo del misterio de iniquidad, crearon cada vez más divisiones y un escándalo peor que el que ellos decían combatir, produciendo enemistades, odios y traiciones entre ellos mismos, y el surgimiento continuado de una estera de falsos profetas que aún hoy no se ha detenido, hombres y mujeres que diciendo ser enviados de Dios, enseñan nuevas y cada vez más pérfidas doctrinas en correspondencia al desarrollo cada vez mayor del misterio de iniquidad.
Es por esta multiplicación de la maldad en el mundo que muchos creerán en estos falsos profetas, y el amor de muchos se enfriará; lo que quiere decir que traerá perjuicios directos a los hombres y a su sociedad, como lo hemos podido ver en el curso de la historia de Europa después de la irrupción del protestantismo, especialmente en Alemania que fue cuna de este movimiento. Después de las largas luchas religiosas y políticas que dejaron desbastado su suelo como causa directa de la llamada Reforma, se dieron en ella varios movimientos intelectuales insólitos; en el siglo XVIII surgió el racionalismo en la crítica textual bíblica, que pretendió acabar con la autoridad de las Escrituras, y que quiso penetrar en la iglesia católica y hasta cierto punto lo hizo, ante lo cual el papa San Pío X se pronunció severamente; también se empezó a desarrollar un neopaganismo germánico de distintas variantes en filósofos como Fichte, Schelling, Schopenhauer y especialmente en el que llegó a la cúspide de la maldad: Nietzche; este, hijo de pastores protestantes, no por casualidad, lleno de dureza, resentimientos y otros bajos sentimientos, ha sido sin duda el intelectual más confesamente anticristiano y diabólico que ha existido, con una exaltación maligna de la fuerza, la violencia y la impiedad, se opuso a la humildad, compasión y misericordia cristianas, matizándolo con el delirio del paganismo germánico, todo lo cual sirvió de base ideológica al más satánico movimiento que ha habido sobre la tierra, el movimiento nazi.
De igual forma el protestantismo fue el origen de un proceso de secularización extremo, que ha desembocado en una Europa casi totalmente descristianizada y consumista; era necesario pues un proceso de secularización sano de aquella sociedad teocrática de la edad media, pero que si hubiera sido hecho bajo la tutela de la iglesia católica se hubieran podido conservar mucho más los valores cristianos, como sucedió cuando irrumpió el Renacimiento en Italia y de ella a todo el continente, que fue modernizándolo sin que perdiera su esencia y matriz cristiana aún cuando la sociedad necesariamente se desacralizaba.
Fueron estas pues las consecuencias del orgullo, la rebeldía y los principios individualistas de estos supuestos reformadores, que llenaron con sus falsedades todo el norte de Europa; sin embargo sus principios y sus personas por ende, ya habían sido condenados por la Escritura en la segunda epístola del apóstol San Pedro, la roca de la iglesia, de cuya comunión se separaron, el cual les dejó claro su veredicto, “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”(2 Pedro 1:20-21), lo que equivale a decir que en las cuestiones básicas, esenciales y fundamentales de la fe, como es aquí la segunda venida de Cristo, es necesario y correspondiente someterse al criterio de la iglesia, al criterio con que el Espíritu fielmente asiste a la iglesia por tratarse de algo decisivo para la salvación, y nunca anteponer a este testimonio una interpretación particular, privada, apartada y contraria a este testimonio eclesial, pues sería humana y por ende herética, esto es lo que el apóstol proféticamente dice dará lugar a los falsos maestros dentro de la iglesia, continuadores de los falsos profetas del antiguo Israel, para los que expone un largo y triste cuadro de condenación(capítulo 2); y es que el mismo dando el ejemplo, a pesar de ser el pastor supremo de la iglesia en la tierra, cuya responsabilidad el Señor le declaró, como él lo recuerda(2 Pedro 1:12-15; Juan 21:15-17), no antepone la gran visión de la Transfiguración, que el Señor le dio junto a Santiago y a San Juan, como muestra de su gloria, con la que vendrá en su segunda venida y que toda la iglesia conocía, al testimonio de la Escritura esclarecida por el Espíritu Santo a la iglesia, sino que pone esto último como testimonio más seguro para la fe en este trascendental y decisivo acontecimiento(versículos 16 al 21), dando así muestra de lo muy superior y escritural del criterio objetivo católico, obediencia al testimonio histórico de la iglesia, testimonio del Espíritu, sobre el criterio subjetivista e individualista protestante, fe en la interpretación privada de cada individuo, testimonio del hombre. El peligro de este criterio subjetivista se ha hecho patente en el decursar del tiempo; después no se ha tratado solo de una interpretación particular del texto sagrado sino en imponer a los demás como regla de fe y testimonio a creer, ser seguido y obedecido, supuestas visiones, llamamientos y misiones conferidas privadamente, dando lugar a sectas cada vez más extrañas y apartadas de la iglesia y del único y auténtico cristianismo que ella porta, así se han hablado de visiones de ángeles y de falsos mesías, cumpliéndose la profecía de Nuestro Señor, así han surgido los adventistas, el bando evangélico de Gedeón, los mormones, los testigos de Jehová y otros tantos, como muestra de la continuidad del desarrollo del misterio de iniquidad. Por último, y no porque sea la última secta que haya aparecido ni mucho menos, el movimiento pentecostal, que surgido a principios del siglo pasado en los Estados Unidos, meca de las sectas, ha crecido con más fuerza, y está como invadiéndolo todo; este movimiento es puesto en la Escritura como la cumbre del misterio de iniquidad, un movimiento que lleva el subjetivismo y la anarquía protestante hasta el delirio y la locura, dando paso al poder del Maligno, al cual Dios permitirá en los últimos días que se manifieste plenamente en la persona del Anticristo y del Falso Profeta, por lo que en el citado capítulo 24 del evangelio de San Mateo, el Señor pone como principio del fin la manifestación sacrílega de este hombre de pecado ante los judíos(versículo 15) y todas sus siguientes manifestaciones de gran poder para tratar de arrastrar el mundo tras sí, y tratar de engañar si fuere posible aún a los escogidos(versículo 24), para lo que el Señor usa nuevamente el término “falsos profetas”, que ya había utilizado en el versículo 11, para relacionarlos con todos los impostores que se levantaron a lo largo del tiempo a partir de esa fecha de los tropiezos masivos, añadiendo aquí “falsos Cristos” puesto que se trata de dos personajes supremamente diabólicos, llenos del poder de Satanás, cumbres de todos los falsos Cristos y falsos profetas de la historia, englobándolos a todos, siendo ambos a su vez falsos Cristos y falsos profetas, porque aunque uno es el líder, más político, con afán de imperio sobre el mundo, por lo que se presenta como verdadero salvador(falso Cristo), todo lo hace con un fuerte propósito y cobertura religiosa, presentándose como enviado de Dios(falso profeta), y después como Dios mismo, mientras que el otro es el netamente religioso, que todo lo hace en función de la adoración del primero, de sus aspiraciones de dominio mundial y de figurar como el verdadero salvador del mundo, de modo que también es un falso Cristo que dice tener la salvación del mundo en la mano, haciendo que todos se rindan ante el Anticristo y lo adoren, y es el falso profeta a su vez por excelencia, porque se presenta como la suprema voz y mensaje de Dios, llevándolos al más nefasto engaño, apoyado en el gran poder de sus señales(Apocalipsis 13).
Por último, el texto de Hechos 20: 28-30 es más que claro y elocuente, afirmando la doctrina católica de siempre, contra la que también sin cesar se han levantado los protestantes. San Pablo nos muestra como la iglesia es entregada a los obispos, como sucesores directos de los apóstoles en el gobierno y en la responsabilidad de adoctrinamiento de ésta, pero sabe que vendrán estos lobos rapaces de que habla Mateo 7:15, que harán daño al rebaño del Señor, y que de la mima iglesia saldrán algunos de estos impostores.
Por tanto podemos ver la conexión que establece la Escritura, para conceptualizar y definir a los falsos profetas, entre el texto de Mateo 7:15-23, donde se nos habla de sus prácticas y presunciones engañosas, el juicio del Señor, y su destino eterno, Mateo 24:4-24, texto básico, donde se nos habla de su desarrollo en la historia como expresión del misterio de iniquidad y Apocalipsis capítulo 13, donde se nos muestra su manifestación plena y consumada en el mundo, pasando por 2 Pedro 1:20-2:22 y por este texto de Hechos 20-28-30, que nos brindan detalles y características.
Así pues, solo podemos concluir, diciendo con San Pedro, la roca de la iglesia, un texto proféticamente alusivo a ellos, que han basado sus doctrinas fundamentales en erradas interpretaciones de las epístolas del apóstol San Pablo: “y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.”(2 Pedro 3:15-18).
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martes, 17 de agosto de 2010

Buscando el conocimiento Alternativo


La Busqueda esta conformada por el deseo de llegar al final con la espectativa segura de las cosas

martes, 20 de julio de 2010

LA IGLESIA DE jESUCRISTO Y OTRAS iGLECIAS.

LA IGLESIA DE JESUCRISTO Y OTRAS IGLESIAS

A través de las Sagradas Escrituras podemos constatar, que la iglesia, la verdadera iglesia, responde a una realidad mucho más trascendente y divina de lo que comúnmente se advierte; no se trata de una institución más o menos venerable por su tiempo y experiencia, ni siquiera es simplemente el nuevo pueblo de Dios; la iglesia de Jesucristo es la realización suprema del amor entrañable de su Corazón (Efesios 5:25-27; 29-30, 32), la manifestación concreta de su obra salvífica en la tierra; es por esto que en más de una ocasión hay expresiones muy posesivas respecto del Señor para con la iglesia, verificándose una identidad y una pertenencia absoluta.
De aquí entendemos porque el Señor le dijo a Pedro “sobre ti fundaré mi iglesia” y no dijo “la iglesia” o “una iglesia”, expresiones que eran perfectamente posibles y hasta más probables desde un punto de vista humano, sino que quiso usar la expresión fuerte, posesiva, exclusiva y determinante de “mi iglesia”, para dejar claro que es la iglesia de su Corazón, de su amor entrañable, su querida y amada esposa, sacada de su costado abierto, de las entrañas de su misericordia, para dejar claro también que vendrán otras, lo cual está fuertemente insinuado, dado que este texto es profético por excelencia, surgirán otras muchas iglesias, pero solo esta será Su iglesia, la que el establece sobre el apóstol Pedro, la que también es su Cuerpo, su Templo, la que tiene sus promesas y su autoridad.
Este sentido de posesión y de pertenencia se puede ver en otros textos, y aún en algunos en sentido inverso, por ejemplo en Mateo 7:15-23, el Señor profetiza que en el día del juicio, muchos asombrados le dirán que hicieron muchos milagros e hicieron muchas cosas en su nombre, pero El les dirá “nunca os conocí”, expresión que equivale a “ustedes nunca fueron míos”, pues cuando en la Escritura se habla del “conocer” de Dios para con el hombre, es como decir que los reconoce como de los suyos o en caso contrario que no los reconoce(Juan 10:14-16, 26-27; 2 Timoteo 2:19; Mateo 25:12). Pero, ¿cómo es posible que esto suceda?, el Señor nos da la explicación en el mismo texto cuando nos dice, “cuídense de los falsos profetas”, de los falsos enviados y mensajeros de Dios, autoproclamados ellos mismos. No se trata de mi parecer, mis gustos o mis caprichos, se trata de obedecer, de someterse a lo que el Señor ha establecido, haciendo así Su voluntad y no la mía, no diciendo solo Señor, Señor, sino haciendo lo que Él ha mandado; claramente en este texto se trata de aquellos que fundando sus propias iglesias y arrastrando a muchos tras ellas, han creído tener todo el apoyo del Señor en sus empresas, pero el Señor les llama falsos profetas, falsos enviados de Dios, que son malhechores, primero que nada por darle la espalda y traicionar a Su iglesia, escogiendo su propio camino; porque en cuestiones de la iglesia y la salvación de los hombres, Dios ha hecho y provisto todo lo necesario con la muerte y resurrección de su Hijo, y la fundación de su iglesia seguidamente, desde las entrañas de su Ser, conforme a su plan, y nadie puede querer sustituir esto por sus propias iniciativas, pues esto no es empresa ni negocio de hombres, solo Él murió, solo Él resucitó, solo Él fundó la iglesia que durante tres años preparó en sus principales líderes, los apóstoles, para que fuera su prolongación en la historia, presencia suya en la tierra, instrumento eficaz de su salvación.
En consecuencia con esto, vemos en el libro de Hechos de los apóstoles, libro de los orígenes de la iglesia, ejemplo y muestra a su vez de lo que ella es y debe ser siempre, en lo fundamental, como también en las mismas epístolas apostólicas, una serie de principios y señales decisivas, constitutivas de la misma naturaleza de la iglesia, que siempre deben acompañarle y le acompañaran.

La iglesia es una sociedad visible y concreta, es el reino de Dios en la tierra, es el reino de Dios en medio de un mundo que se le opone, le hace la guerra, y quiere destruirla por todos los medios posibles, como hizo a su Fundador; esto traerá una serie de circunstancias que conspirarán contra su integridad física y espiritual, que fueron predichas por Él mismo, pero ante las cuales no obstante saldrá victoriosa (Mateo 16:18), en ella habrá cizaña y habrá trigo, pescados buenos y malos, semilla que de fruto y que no lo dé (Mateo 13: 18-30; 36-50), pues así ha querido el Señor comience su reino, con la realidad del mal presente, dado que solo así se verá claramente la superioridad del bien, como enseña la parábola del trigo y la cizaña, y como Él mismo dio ejemplo, viniendo de la gloria e infinita santidad de Dios, a vivir, sufrir y morir a este mundo de maldad, pero que fue como la venció, así como a su gestor principal , el diablo; y así la iglesia seguirá adelante hasta el fin, porque cuenta con Su presencia(Mateo 28:20), siendo una sociedad jerárquica, con un pastor supremo que ha de enseñar a los demás pastores(ovejas) y a todos los demás fieles(corderos)(Juan 20:15-17), asistido a su vez por estos mismos pastores en plena comunión con él, en el gobierno y adoctrinamiento de esta; así se puede ver sobre todo en los primeros quince capítulos del libro de los Hechos, especialmente en el capítulo 9 versículos 31 y 32, donde vemos una iglesia unida en todas sus iglesias locales, en las distintas regiones, por el Espíritu Santo, y a Pedro, como pastor supremo, visitándola y confirmándola en todos sus lugares como le encargó el Señor(Lucas 22:31-32), y como hoy hacen sus sucesores; lo vemos también dando la enseñanza oportuna, puntual y decisiva, por el Espíritu Santo(Hechos 15-28), como también hacen hoy sus sucesores, en el concilio de Jerusalén, primer concilio de la iglesia, en situación bastante conflictiva(Hechos 15:5-12). Esto nos enseña además el énfasis primordial que los apóstoles hacían en la unidad doctrinal, y por ende de perfecta comunión en toda la iglesia, fustigando fuertemente todo intento de sectarismo y división de cualquier índole(Romanos 16:17-20; 1Corintios 1:10-13); Tito 3:10; Gálatas 5:20; Judas 19), así entendemos que el que rompe con la unidad y se separa de la iglesia nunca está movido por el Espíritu de Dios, sino que es una obra de la carne, de la naturaleza humana caída, pecaminosa, detrás de la cual está Satanás, cuyo germen maligno permanecerá en ellos, causando nuevas y nuevas divisiones; solo la iglesia de Jesucristo puede permanecer unida por el Espíritu(Efesios 4:2-5; Juan 17:11-12; 21-23), como desde sus inicios se observa en el libro de los Hechos de los apóstoles y en sus epístolas, a lo largo y ancho de todo el mundo, con una misma fe, doctrina y obediencia de todos los fieles a su supremo pastor, el Papa; por eso solo ella puede ser el nuevo pueblo de Dios, el reino de Dios, y por tanto la sociedad visible y concreta de Dios en la tierra, no la absurda y disparatada idea protestante de una iglesia de Jesucristo abstracta, donde sus miembros no profesan la misma fe, pertenecen a grupos distintos, con doctrinas diferentes, muchas veces contrapuestas, donde nunca hay una verdadera comunión por tanto, y donde solo los une su enemistad y muchas veces odio a la iglesia católica. Por esto solo en la iglesia católica podemos ver esa estera de millares y millares de santos y mártires, que desde los comienzos de su historia, desde los tiempos apostólicos, pasando por el tiempo de las persecuciones bajo el imperio romano y hasta nuestros días, muestran la continuidad de la única iglesia de Cristo; especialmente los santos canonizados por la iglesia, no pocos de ellos mártires también, son como nuevos cristos en su tiempo y en su realidad, que muestran no solo que Cristo murió, resucitó y fundó esta iglesia sino que vive presente en ella(Apocalipsis 1:12-13), dando ellos así testimonio ante el mundo de que pertenecen a ese reino de Cristo, en el que unidos a Él han vivido una vida sobrenatural, casi divina, dado que han estado llenos de gracia y del Espíritu Santo de Dios, con quién han colaborado para la santificación plena de sus vidas, dando los frutos que Dios espera para su gloria(Juan 15-8); esto no se observa en lo absoluto fuera de la iglesia católica, sino que solo excepcionalmente, según la misericordia infinita de nuestro Dios, ha habido algunas pocas vidas notables que no llegan nunca a la perfección y dignidad de las vidas ejemplares católicas.

Por otra parte, otra gran muestra de la tan plena identidad de nuestro Señor para con su iglesia, fue el darle el increíble privilegio de perpetuar su sacrificio, renovándolo en el altar en cada santo sacrificio de la misa, este hecho es tan inconmensurablemente grande como probatorio de lo que venimos diciendo desde el principio, la iglesia es para nuestro Señor, Su iglesia, como una prolongación suya, salida desde lo más profundo de su Ser amoroso, como la esposa amada, la Eva destinada a Él por el Padre; de aquí que en aquel primer jueves santo, horas antes de su pasión, en aquella cena memorable con sus discípulos, el Señor les encargó la dignidad de perpetuar su sacrificio que ocurriría horas después, haciéndolos sacerdotes del nuevo pacto, sustituyendo el viejo sacerdocio por uno nuevo y más perfecto, que toma su valor de Él mismo, sumo sacerdote y a la vez víctima(Hebreos 7:12-28; 1Corintios 11:23-26), de este último texto claramente se comprende el mandamiento del Señor de perpetuar su único sacrificio, diciéndoles “Hagan esto en memoria de mí”, o sea que el Señor les dejó establecido cual sería el contenido de su culto, algo decisivo que no podía ser según el parecer humano, según el parecer de cualquiera, como ocurre en tantos otros cultos, sino que le estableció a su iglesia como debía adorarle, como debía darle el culto agradable a Él para su gloria y sumo provecho de sus discípulos, tal y como había hecho Dios con el pueblo de Israel; les dio la esencia de su liturgia, y esto lo comprendieron perfectamente los apóstoles, que desde un comienzo realizaban la reunión cultual cristiana como un banquete fraternal, figura del banquete de bodas en la venida del Señor, que tenía como centro “la fracción del pan”, la participación del cuerpo y la sangre de Cristo(Hechos 2:42; Hechos 20:7; 1Corintios 11:17-34; 1Corintios 10:16-22). Esta comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo, como centro y objetivo de su culto, y como comunión además de toda la iglesia, entre todos los fieles que aceptan la doctrina, la fe y el gobierno y magisterio de los legítimos pastores, el Papa y los respectivos obispos en perfecta comunión con él, solo la ha mantenido fielmente desde sus inicios, la iglesia de Jesucristo, la iglesia católica; unos han pretendido mantener la comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo apartándose de la comunión con el obispo de Roma, y por ende con la iglesia, formando iglesias nacionales o particulares separadas de la iglesia universal, no manteniendo así la unidad en la fe, la doctrina, y la catolicidad de la iglesia mandadas por el Señor, cayendo en gravísima desobediencia y pecado; otras yendo aún más lejos, han negado, blasfemado y hasta cometido sacrilegio con el cuerpo y la sangre del Señor, mostrando cuanto más lejos están de su verdad y su comunión.
Así pues, estos principios sagrados de amor posesivo y exclusivo del Señor para con su iglesia, y de identidad absoluta con ella, recogidos en las Sagradas Escrituras, solo se han fiel y firmemente mantenido a través de los dos mil años de cristianismo, en la iglesia católica, Su iglesia, la que fundó sobre el apóstol Pedro, y que seguirá su sendero victorioso a pesar de todos los contratiempos y oposiciones, manteniendo la renovación comenzada en el Concilio Vaticano II, perfeccionándose y abriendo las puertas de su corazón, que podríamos decir son las del Corazón de Jesús, e invitando a todos los que están sumidos en el error, a volver a la casa paterna, como de hecho viene sucediendo ya en algunos países de mayoría contraria a la fe católica(Apocalipsis 3:9), y así el reino de Dios siga extendiéndose a lo largo y ancho de todo el mundo, hasta la llegada de su plenitud con la venida de su Señor.

Residencia del autor: Juan David Martínez Pérez.
Lawton # 1560 apto. 9 e/ Vista alegre y Acosta, Lawton, Ciudad Habana, Cuba.
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Editor promotor: Jorge Francisco Faife Nazco
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LA IGLESIA DE JESUCRISTO Y OTRAS IGLESIAS

A través de las Sagradas Escrituras podemos constatar, que la iglesia, la verdadera iglesia, responde a una realidad mucho más trascendente y divina de lo que comúnmente se advierte; no se trata de una institución más o menos venerable por su tiempo y experiencia, ni siquiera es simplemente el nuevo pueblo de Dios; la iglesia de Jesucristo es la realización suprema del amor entrañable de su Corazón (Efesios 5:25-27; 29-30, 32), la manifestación concreta de su obra salvífica en la tierra; es por esto que en más de una ocasión hay expresiones muy posesivas respecto del Señor para con la iglesia, verificándose una identidad y una pertenencia absoluta.
De aquí entendemos porque el Señor le dijo a Pedro “sobre ti fundaré mi iglesia” y no dijo “la iglesia” o “una iglesia”, expresiones que eran perfectamente posibles y hasta más probables desde un punto de vista humano, sino que quiso usar la expresión fuerte, posesiva, exclusiva y determinante de “mi iglesia”, para dejar claro que es la iglesia de su Corazón, de su amor entrañable, su querida y amada esposa, sacada de su costado abierto, de las entrañas de su misericordia, para dejar claro también que vendrán otras, lo cual está fuertemente insinuado, dado que este texto es profético por excelencia, surgirán otras muchas iglesias, pero solo esta será Su iglesia, la que el establece sobre el apóstol Pedro, la que también es su Cuerpo, su Templo, la que tiene sus promesas y su autoridad.
Este sentido de posesión y de pertenencia se puede ver en otros textos, y aún en algunos en sentido inverso, por ejemplo en Mateo 7:15-23, el Señor profetiza que en el día del juicio, muchos asombrados le dirán que hicieron muchos milagros e hicieron muchas cosas en su nombre, pero El les dirá “nunca os conocí”, expresión que equivale a “ustedes nunca fueron míos”, pues cuando en la Escritura se habla del “conocer” de Dios para con el hombre, es como decir que los reconoce como de los suyos o en caso contrario que no los reconoce(Juan 10:14-16, 26-27; 2 Timoteo 2:19; Mateo 25:12). Pero, ¿cómo es posible que esto suceda?, el Señor nos da la explicación en el mismo texto cuando nos dice, “cuídense de los falsos profetas”, de los falsos enviados y mensajeros de Dios, autoproclamados ellos mismos. No se trata de mi parecer, mis gustos o mis caprichos, se trata de obedecer, de someterse a lo que el Señor ha establecido, haciendo así Su voluntad y no la mía, no diciendo solo Señor, Señor, sino haciendo lo que Él ha mandado; claramente en este texto se trata de aquellos que fundando sus propias iglesias y arrastrando a muchos tras ellas, han creído tener todo el apoyo del Señor en sus empresas, pero el Señor les llama falsos profetas, falsos enviados de Dios, que son malhechores, primero que nada por darle la espalda y traicionar a Su iglesia, escogiendo su propio camino; porque en cuestiones de la iglesia y la salvación de los hombres, Dios ha hecho y provisto todo lo necesario con la muerte y resurrección de su Hijo, y la fundación de su iglesia seguidamente, desde las entrañas de su Ser, conforme a su plan, y nadie puede querer sustituir esto por sus propias iniciativas, pues esto no es empresa ni negocio de hombres, solo Él murió, solo Él resucitó, solo Él fundó la iglesia que durante tres años preparó en sus principales líderes, los apóstoles, para que fuera su prolongación en la historia, presencia suya en la tierra, instrumento eficaz de su salvación.
En consecuencia con esto, vemos en el libro de Hechos de los apóstoles, libro de los orígenes de la iglesia, ejemplo y muestra a su vez de lo que ella es y debe ser siempre, en lo fundamental, como también en las mismas epístolas apostólicas, una serie de principios y señales decisivas, constitutivas de la misma naturaleza de la iglesia, que siempre deben acompañarle y le acompañaran.

La iglesia es una sociedad visible y concreta, es el reino de Dios en la tierra, es el reino de Dios en medio de un mundo que se le opone, le hace la guerra, y quiere destruirla por todos los medios posibles, como hizo a su Fundador; esto traerá una serie de circunstancias que conspirarán contra su integridad física y espiritual, que fueron predichas por Él mismo, pero ante las cuales no obstante saldrá victoriosa (Mateo 16:18), en ella habrá cizaña y habrá trigo, pescados buenos y malos, semilla que de fruto y que no lo dé (Mateo 13: 18-30; 36-50), pues así ha querido el Señor comience su reino, con la realidad del mal presente, dado que solo así se verá claramente la superioridad del bien, como enseña la parábola del trigo y la cizaña, y como Él mismo dio ejemplo, viniendo de la gloria e infinita santidad de Dios, a vivir, sufrir y morir a este mundo de maldad, pero que fue como la venció, así como a su gestor principal , el diablo; y así la iglesia seguirá adelante hasta el fin, porque cuenta con Su presencia(Mateo 28:20), siendo una sociedad jerárquica, con un pastor supremo que ha de enseñar a los demás pastores(ovejas) y a todos los demás fieles(corderos)(Juan 20:15-17), asistido a su vez por estos mismos pastores en plena comunión con él, en el gobierno y adoctrinamiento de esta; así se puede ver sobre todo en los primeros quince capítulos del libro de los Hechos, especialmente en el capítulo 9 versículos 31 y 32, donde vemos una iglesia unida en todas sus iglesias locales, en las distintas regiones, por el Espíritu Santo, y a Pedro, como pastor supremo, visitándola y confirmándola en todos sus lugares como le encargó el Señor(Lucas 22:31-32), y como hoy hacen sus sucesores; lo vemos también dando la enseñanza oportuna, puntual y decisiva, por el Espíritu Santo(Hechos 15-28), como también hacen hoy sus sucesores, en el concilio de Jerusalén, primer concilio de la iglesia, en situación bastante conflictiva(Hechos 15:5-12). Esto nos enseña además el énfasis primordial que los apóstoles hacían en la unidad doctrinal, y por ende de perfecta comunión en toda la iglesia, fustigando fuertemente todo intento de sectarismo y división de cualquier índole(Romanos 16:17-20; 1Corintios 1:10-13); Tito 3:10; Gálatas 5:20; Judas 19), así entendemos que el que rompe con la unidad y se separa de la iglesia nunca está movido por el Espíritu de Dios, sino que es una obra de la carne, de la naturaleza humana caída, pecaminosa, detrás de la cual está Satanás, cuyo germen maligno permanecerá en ellos, causando nuevas y nuevas divisiones; solo la iglesia de Jesucristo puede permanecer unida por el Espíritu(Efesios 4:2-5; Juan 17:11-12; 21-23), como desde sus inicios se observa en el libro de los Hechos de los apóstoles y en sus epístolas, a lo largo y ancho de todo el mundo, con una misma fe, doctrina y obediencia de todos los fieles a su supremo pastor, el Papa; por eso solo ella puede ser el nuevo pueblo de Dios, el reino de Dios, y por tanto la sociedad visible y concreta de Dios en la tierra, no la absurda y disparatada idea protestante de una iglesia de Jesucristo abstracta, donde sus miembros no profesan la misma fe, pertenecen a grupos distintos, con doctrinas diferentes, muchas veces contrapuestas, donde nunca hay una verdadera comunión por tanto, y donde solo los une su enemistad y muchas veces odio a la iglesia católica. Por esto solo en la iglesia católica podemos ver esa estera de millares y millares de santos y mártires, que desde los comienzos de su historia, desde los tiempos apostólicos, pasando por el tiempo de las persecuciones bajo el imperio romano y hasta nuestros días, muestran la continuidad de la única iglesia de Cristo; especialmente los santos canonizados por la iglesia, no pocos de ellos mártires también, son como nuevos cristos en su tiempo y en su realidad, que muestran no solo que Cristo murió, resucitó y fundó esta iglesia sino que vive presente en ella(Apocalipsis 1:12-13), dando ellos así testimonio ante el mundo de que pertenecen a ese reino de Cristo, en el que unidos a Él han vivido una vida sobrenatural, casi divina, dado que han estado llenos de gracia y del Espíritu Santo de Dios, con quién han colaborado para la santificación plena de sus vidas, dando los frutos que Dios espera para su gloria(Juan 15-8); esto no se observa en lo absoluto fuera de la iglesia católica, sino que solo excepcionalmente, según la misericordia infinita de nuestro Dios, ha habido algunas pocas vidas notables que no llegan nunca a la perfección y dignidad de las vidas ejemplares católicas.

Por otra parte, otra gran muestra de la tan plena identidad de nuestro Señor para con su iglesia, fue el darle el increíble privilegio de perpetuar su sacrificio, renovándolo en el altar en cada santo sacrificio de la misa, este hecho es tan inconmensurablemente grande como probatorio de lo que venimos diciendo desde el principio, la iglesia es para nuestro Señor, Su iglesia, como una prolongación suya, salida desde lo más profundo de su Ser amoroso, como la esposa amada, la Eva destinada a Él por el Padre; de aquí que en aquel primer jueves santo, horas antes de su pasión, en aquella cena memorable con sus discípulos, el Señor les encargó la dignidad de perpetuar su sacrificio que ocurriría horas después, haciéndolos sacerdotes del nuevo pacto, sustituyendo el viejo sacerdocio por uno nuevo y más perfecto, que toma su valor de Él mismo, sumo sacerdote y a la vez víctima(Hebreos 7:12-28; 1Corintios 11:23-26), de este último texto claramente se comprende el mandamiento del Señor de perpetuar su único sacrificio, diciéndoles “Hagan esto en memoria de mí”, o sea que el Señor les dejó establecido cual sería el contenido de su culto, algo decisivo que no podía ser según el parecer humano, según el parecer de cualquiera, como ocurre en tantos otros cultos, sino que le estableció a su iglesia como debía adorarle, como debía darle el culto agradable a Él para su gloria y sumo provecho de sus discípulos, tal y como había hecho Dios con el pueblo de Israel; les dio la esencia de su liturgia, y esto lo comprendieron perfectamente los apóstoles, que desde un comienzo realizaban la reunión cultual cristiana como un banquete fraternal, figura del banquete de bodas en la venida del Señor, que tenía como centro “la fracción del pan”, la participación del cuerpo y la sangre de Cristo(Hechos 2:42; Hechos 20:7; 1Corintios 11:17-34; 1Corintios 10:16-22). Esta comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo, como centro y objetivo de su culto, y como comunión además de toda la iglesia, entre todos los fieles que aceptan la doctrina, la fe y el gobierno y magisterio de los legítimos pastores, el Papa y los respectivos obispos en perfecta comunión con él, solo la ha mantenido fielmente desde sus inicios, la iglesia de Jesucristo, la iglesia católica; unos han pretendido mantener la comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo apartándose de la comunión con el obispo de Roma, y por ende con la iglesia, formando iglesias nacionales o particulares separadas de la iglesia universal, no manteniendo así la unidad en la fe, la doctrina, y la catolicidad de la iglesia mandadas por el Señor, cayendo en gravísima desobediencia y pecado; otras yendo aún más lejos, han negado, blasfemado y hasta cometido sacrilegio con el cuerpo y la sangre del Señor, mostrando cuanto más lejos están de su verdad y su comunión.
Así pues, estos principios sagrados de amor posesivo y exclusivo del Señor para con su iglesia, y de identidad absoluta con ella, recogidos en las Sagradas Escrituras, solo se han fiel y firmemente mantenido a través de los dos mil años de cristianismo, en la iglesia católica, Su iglesia, la que fundó sobre el apóstol Pedro, y que seguirá su sendero victorioso a pesar de todos los contratiempos y oposiciones, manteniendo la renovación comenzada en el Concilio Vaticano II, perfeccionándose y abriendo las puertas de su corazón, que podríamos decir son las del Corazón de Jesús, e invitando a todos los que están sumidos en el error, a volver a la casa paterna, como de hecho viene sucediendo ya en algunos países de mayoría contraria a la fe católica(Apocalipsis 3:9), y así el reino de Dios siga extendiéndose a lo largo y ancho de todo el mundo, hasta la llegada de su plenitud con la venida de su Señor.
Residencia del autor: Juan David Martínez Pérez.
Lawton # 1560 apto. 9 e/ Vista alegre y Acosta, Lawton, Ciudad Habana, Cuba.
Teléfono: 698-2013
Editor promotor: Jorge Francisco Faife Nazco
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LA IGLESIA CATÓLICA Y EL MOVIMIENTO CARISMÁTICO

LA IGLESIA CATÓLICA Y EL MOVIMIENTO CARISMÁTICO.

La iglesia católica, iglesia universal, iglesia de Jesucristo, nació carismática, es carismática por esencia, lo es per se, por antonomasia, por definición. Pero ¿Por qué?, puesto que fue el glorioso derramamiento del Espíritu Santo en aquel Pentecostés el que la hizo ser, el que marcó su nacimiento, el que le dio comienzo a su existencia, señalándose así que sería para siempre su alma, su esencia, su vida, sin el cual simplemente no hubiera podido existir, no hubiera podido llevar estos dos mil años en la tierra, pasando por encima de tantos enemigos y dificultades de todo tipo, venciendo toda oposición, siguiendo adelante en el cumplimento de su misión, llevando el evangelio hasta el último rincón del mundo, haciéndose presente en todo lugar de la humanidad, por lo cual se manifestaron esas lenguas aquel día, esa proliferación de idiomas, dando un anuncio el Espíritu, de que la iglesia es para todos los pueblos, es universal, para toda raza, lengua y nación.
Por esto el libro de Hechos de los apóstoles es probablemente el más carismático de toda la Biblia, donde más se nos hace ver marcada y continuamente la presencia y obra del Espíritu en todo momento, guiando y fortaleciendo su iglesia, puesto que es el libro de su nacimiento y primeros tiempos, para que le quede la certeza y el testimonio para el resto de sus días, de todas las diversas formas con que el Espíritu siempre la sustentará. De este libro en específico, apoyado en todos los demás del Nuevo Testamento, extraeremos toda la múltiple obra con que el Espíritu asiste a la iglesia.
En primer lugar es el Espíritu Santo el que le da ese impulso misionero a la iglesia, es el que da ese amor a las almas, ese celo por salvarlas, arrancándolas del pecado, ese valor y sabiduría extraordinarias para testificar con poder ante cualquier situación, ganando a muchos para Cristo; esto fue lo primero que hicieron Pedro y los demás apóstoles en seguida que recibieron la plenitud del Espíritu, predicar a todos esos israelitas que antes habían negado y matado a Nuestro Señor, que Jesús es el Mesías, y que en El está la salvación y el cumplimiento de todas las profecías y promesas que ellos estaban esperando; por eso sabemos que la iglesia también es misionera por definición, y hombres como San Pablo, San Francisco Javier, Juan Pablo II, y mujeres como Madre Teresa de Calcuta, Santa Teresita del Niño Jesús y otros muchos y muchas titanes de la misión en la historia de la iglesia, fueron hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo.
Ahora bien, es tan decisiva la influencia y presencia del Espíritu en la iglesia, que ni siquiera esta obra misionera tan propia y vital para ella, la realiza de cualquier forma, sino que el Espíritu la dirige continuamente a través de sus líderes, conforme al plan y orden de Dios, puesto que el Espíritu nunca es fuente de anarquía, de desorden, ni desobediencia dentro de la iglesia, sino todo lo contrario, la conduce siempre, desde sus cosas más sagradas, conforme al orden y al plan de Dios, confirmando la autoridad y jerarquía establecida en la iglesia. Así vemos a Pedro y los demás apóstoles enfrascados en los primeros años en la evangelización de Israel, por cuanto ellos eran los primeros herederos de las promesas de Dios(Hechos 3:25-26), y a ellos correspondía primero que nadie recibir la palabra del evangelio, y la oportunidad de alcanzar la salvación de Cristo en su iglesia; por lo que enrolados en esta lucha sufrían persecución y maltratos de los líderes religiosos del pueblo de Israel, pero el Espíritu, tal y como el Señor se los prometió, les daba el valor y la sabiduría para enfrentarlos, al punto que eran el asombro de estos, que no pudieron frenarlos, sino que aumentaba el número de los que se convertían de entre el pueblo, y aún muchos sacerdotes aceptaban el mensaje (Hechos 6:7).
Por esto el evangelio pasó seguidamente a Samaria, los hermanos herejes de los israelitas, y después por medio de San Pedro, y solo por él, cabeza visible de la iglesia, dio el paso trascendental y necesario de llevarlo a los no judíos, solemnemente a través de Cornelio(Hechos 10), para que después en el concilio de Jerusalén, el príncipe de los apóstoles, basado en esta experiencia, estableciera doctrinalmente por el Espíritu, de manera decisiva, la verdad de que todos, tanto judíos como no judíos, somos salvos por la gracia de Nuestro Señor(Hechos 15:7-11), confirmándose a su vez que esta es otra muy importantísima obra del Espíritu en la iglesia, aclarar, argumentar y confirmarla en la recta y santa doctrina, como fue prometido por el Señor(Juan 16:12-13), y como ha tenido que hacer a través de los siglos, aclarando conceptos y estableciendo dogmas, que no es nada que ella invente, sino la asistencia que se le prometió del Espíritu para penetrar, profundizar y esclarecer al máximo la verdad revelada.
Después el Espíritu Santo que iría introduciendo cada vez más a la iglesia en el mundo no judío, por designio de Dios, llevaría el mensaje en la persona de San Pablo principalmente, por Asia menor, Grecia, hasta llegar a Roma, donde ya había una iglesia regida por San Pedro (1 Pedro 5:13), y desde donde la iglesia debía llevar el evangelio por el Espíritu al mundo entero.
Así pues, de igual forma que en el libro de los Hechos se ve el itinerario misionero de la iglesia por el Espíritu, desde Jerusalén hasta Roma, se observa fomentando una unidad y compartición de bienes en el amor, sobrenatural. Desde los mismos comienzos se percibe un insólito y radical amor no visto nunca antes en la historia, que llevaba a los creyentes a compartir todo lo que tenían y a estar muy unidos, de modo que cuando Ananías y Safira pensaron hacer trampas a los apóstoles, el Espíritu se lo reveló a Pedro, y este le dijo a Ananías que no había intentado engañar a los hombres sino al Espíritu Santo, ¿Por qué?, porque es Él el autor del amor y de todo ese sistema de vida comunitario que estaban llevando a cabo por él; y a Safira dijo ¿Por qué se han puesto de acuerdo en tentar al Espíritu del Señor?, porque lo que hicieron con su intento de engaño fue probar si en realidad el Espíritu estaba dirigiéndolo todo, por eso el correctivo fue tan drástico, porque fue una ofensa al Espíritu Santo Dios que estaba detrás de todo; de esta forma lo que hizo fue incrementarse la autoridad de los apóstoles, dado que el Espíritu actuó convenientemente por el líder; toda la iglesia y gran parte del pueblo comprendió que esto era una obra muy seria de Dios, y que los apóstoles eran sus ministros, a los que no se ha de intentar engañar ni desobedecer, sino sometérseles en todo(Hechos 5 :11-16), mostrándose que el Espíritu nunca atenta contra la autoridad de la iglesia sino que la confirma en su jerarquía.
Por esto también entendemos porque la iglesia a diferencia de todas las demás religiones y credos, que tienden a encerrarse en sus cultos, en una vida cultual, ha sido promotora a través de su historia de tan intensa vida de caridad, creándose continuamente instituciones de este tipo, de todo orden, hospitales, asilos, orfanatos, escuelas, y otras variantes; porque la forja del Espíritu Santo ha estado detrás en una obra que le es propia desde los comienzos de su existencia.
También el libro de los Hechos reiteradamente nos muestra la gloria del Espíritu fortaleciendo a su iglesia ante tan encarnizada persecución religiosa y política; es un signo sobrenatural la forma en que los apóstoles y líderes en general de la iglesia se crecieron, avanzaron y prevalecieron ante tantos maltratos, amenazas, martirios, y se impusieron al sistema judío que finalmente quedó devastado, al paganismo idolátrico greco-romano que finalmente desapareció, y al imperio romano que sus seguidores lograron sepultar. A base de un amor, valor, poder y sabiduría del Espíritu que sus oponentes no podían resistir(Hechos 6:10), los cristianos mostraron la superioridad y carácter divino de su fe, que junto a las oportunas intervenciones del Señor, reconociendo su fidelidad[la conversión de Saulo y la muerte de Herodes, que mató a Santiago e intentó hacerlo a San Pedro(Hechos 12)], hizo que a pesar de todo fueran de victoria en victoria; así hoy la iglesia ante tanta oposición, calumnias y desmanes de las sectas, los judíos según la carne de hoy en día(Apocalipsis 3:9), del secularismo, el principal paganismo de hoy, y de gobiernos e imperios hostiles, está experimentando una progresiva renovación del Espíritu que ha venido dándole significativas victorias ante sus adversarios(conversiones de figuras prominentes del protestantismo, caída del sistema marxista).
Queda pues más que demostrado que el Espíritu vive, guía y pertenece a la iglesia en este mundo, porque como dijo el Señor, el mundo no lo puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce, pero mora con la iglesia y está en la iglesia(Juan 14:17). De esta forma entendemos que a la iglesia ha sido dado administrar y canalizar el Espíritu a través de sus sacramentos, instituidos todos para que Él haga eficaz en los fieles por la fe, lo que ellos quieren comunicar, pero de forma particular el bautismo y la confirmación fueron instituidos para comunicar la presencia del Espíritu, pues como nos enseña 1 Corintios 12:13, en el bautismo somos incorporados por el Espíritu en el cuerpo de Cristo, nacemos de nuevo(Juan 3:5-6), somos hechos por tanto hijos de Dios; por eso se nos invoca la fórmula trinitaria Padre, Hijo y Espíritu Santo cuando lo recibimos(Mateo 28:19), porque las tres personas se involucran y participan en él, el Padre nos engendra como hijos, el Hijo nos salva perdonándonos nuestros pecados(Hechos 2:38; 1 Pedro 3:21) y el Espíritu Santo viene a morar a nosotros, haciéndonos templo del Dios vivo, siendo el sello y la prenda para nuestra salvación(Efesios 1:13; 2 Corintios 5:5), que podemos perder si no colaboramos con Él haciendo morir las obras de la carne(Romanos 8:12-13; Gálatas 5: 16-18; 6:7-8).
Así mismo, tenemos igualmente la confirmación como se ha quedado en llamar en la iglesia de nuestros días, que es la comunicación del Espíritu de la misma forma que los apóstoles lo recibieron en Pentecostés, porque Dios gusta de dar su Espíritu abundantemente (Juan 3:34). En el bautismo el Espíritu viene a nosotros relacionado con la conversión, con la incorporación al cuerpo de Cristo, con nuestro engendramiento como hijos de Dios, con nuestra salvación, aquí viene en una gracia extra de la superabundante gracia de Dios, para capacitarnos como siervos suyos, para hacernos eficaces y útiles para su iglesia, por eso aquí está relacionado con los dones y ministerios en función de la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 14:12). Por lo cual, por ser así este sacramento, que en la iglesia primitiva se llamaba simplemente “imposición de manos”, de más peso, responsabilidad y envergadura para los cristianos, y que requiere por tanto de más autoridad y poder, lo impartían solamente los apóstoles, y hoy lo hacen sus sucesores los obispos, nunca lo hizo cualquier creyente, ni siquiera cualquier ministro; por eso vemos en Hechos capítulo 8, cuando Felipe lleva el evangelio a Samaria, que bautizaba pero no imponía las manos, sino que llamados los apóstoles Pedro y Juan fueron quienes se lo aplicaban a los creyentes; por lo que si Felipe, hombre lleno del Espíritu Santo, escogido para ser de los primeros siete diáconos y evangelista además(Hechos 6:5; 21:8) no tenía tal autoridad, no entendemos como hoy en congregaciones llamadas carismáticas, fuera de la iglesia católica, cualquiera impone las manos, y cualquiera dice hacer descender el Espíritu Santo sobre personas y hasta sobre multitudes, y todos dicen recibirlo con manifestaciones extrañas que no corresponden a la práctica cristiana, y por eso no están en la Biblia, sino a prácticas paganas, como contorsiones, gritos, histeria, caídas, desorden, frenesí, repetición de monosílabos que nada tienen que ver con el don de lenguas o idiomas que produce el Espíritu, y cosas como estas que lejos de edificar, escandalizan aún a los que no son cristianos.
Solo podemos entender esto por la creencia y prácticas de doctrinas heréticas en estos lugares, que llevan a personas, algunas de ellas desequilibradas, a confundir estas manifestaciones grotescas con la preciosa obra del Espíritu, lo cual ya había sido advertido por el apóstol a los corintios, cuando en incipientes y mínimas demostraciones de desorden, nada comparado con esto, les declara que la obra del Espíritu no era igual ni podía confundirse con sus antiguas prácticas paganas(1 Corintios 12:2-3), que el Espíritu Santo tiene principios muy claros de orden, edificación y gloria para Dios que son ajenos al frenesí del paganismo.
Queda pues al movimiento de renovación carismática católico no dejarse influenciar por estos errores, pues como dijo el apóstol, no reciban otro Jesús del que le han predicado, ni otro espíritu del que han recibido, ni otro evangelio del que han aceptado(2 Corintios 11:4), pues como claramente aquí nos explica, según la enseñanza, la doctrina, es el espíritu, nadie puede recibir el Espíritu Santo con doctrinas heréticas, solamente afianzándose en la doctrina apostólica entregada a la iglesia y conservada fielmente por ella, se puede ser lleno del Espíritu Santo, avivando en sus celebraciones, con la búsqueda sincera en la oración y la palabra de Dios, la gracia ya recibida en el bautismo y la confirmación, para que no les pase lo que aquellos, que creyéndose carismáticos, arrojadores de demonios y hacedores de muchos milagros, no eran sino falsos profetas, y el Señor les dirá, “nunca os conocí, apartaos de mí hacedores de maldad” (Mateo 7:15-23).
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LA IGLECATÓLICA COMO COMUNIÓN DE LOS SANTOS.

LA IGLESIA CATÓLICA COMO COMUNIÓN DE LOS SANTOS.

Desde el Antiguo Testamento podemos rastrear, la importante enseñanza de la comunión e identidad espiritual que se establece entre los miembros del pueblo de Dios, por encima de lo que ellos mismos alcanzan a comprender, pues se manifiesta en características propias del mundo espiritual, en leyes intrínsecas a este mundo, como la repercusión comunitaria o social del pecado de uno o unos cuantos, así como también la acción bienhechora que ejerce sobre todo el pueblo las buenas obras de uno o varios. Es obvio que esto es tan importante en el mundo espiritual, como que es el principio básico de la obra redentora de nuestro Señor, cuyos méritos se aplican para la salvación de todos los hombres, tomando por ello especial valor en el pueblo redimido.
Esta es la causa de las tan drásticas medidas que el Señor mandaba aplicar a Moisés contra alguien que caía en grave pecado, pues este contaminaba a todo el pueblo (Deuteronomio 17:7). De manera muy gráfica lo vemos cuando Finees detuvo la mortandad que había en Israel, atravesando con una lanza a uno que como otros, se había prostituido con mujeres extranjeras (Números 25: 1-13), donde de paso también vemos, como la buena obra de uno es capaz de obtener el perdón de los pecados para muchos. Esta comunión espiritual entre los miembros del pueblo se establece a partir de la comunión de todos con Dios, a partir de la comunión espiritual por medio de la fe, el amor y el servicio al mismo y único Dios, producto de la elección, el llamado y la presencia de Dios en medio de ellos, que es lo verdaderamente decisivo que los une a todos entre sí, lo cual era de manera imperfecta en el pueblo de Israel, y que alcanza su plenitud y perfección en la iglesia. Esta es una unión en Dios y por Dios hecha, por lo que aunque resulta difícil de constatar humanamente, es muy real y lógica, porque obviamente los que participan de una comunión con el Dios que es Espíritu Todopoderoso y Santo, que todo lo llena con su potencia y amor, tienen que estar unidos entre sí; mucho más en Jesucristo en quién se manifiestan toda gracia y favores espirituales únicos (Efesios 1: 3-6).
En el Nuevo Testamento podemos ver muestras fehacientes de todo ello, cuando se nos revela, que no solo obtenemos de Jesucristo el perdón de los pecados por su obra redentora, sino que se nos hace partícipes de su condición real y sacerdotal, se nos constituye en reyes y sacerdotes por la unión con Jesucristo, supremo Rey y Sacerdote (Efesios 2:6; 1 Pedro 2:9; Apocalipsis 1:6), esto es parte de la gran e incomparable herencia espiritual que recibimos por la infinita gracia de Dios, que se nos transmite por la unión a Cristo Jesús (Efesios 1: 15-23), por lo que por esta unión somos hechos como nuevos cristos, dándosenos muy grande autoridad y poder en el mundo espiritual, que repercute en toda la vida por supuesto, de la que si fuésemos plenamente conscientes por la fe, como pide san Pablo ( versículos del 15 al 19 ), tuviéramos una vida mucho más fructífera, con muchas más bendiciones para nosotros y para nuestros hermanos, al estilo de los santos canonizados por la iglesia, como santa Teresita del Niño Jesús, san Martin de Porres, san Francisco de Asís y otros.
Quiere decir, que lo que muchos no entienden es que ha sido propósito del infinito amor de Dios, mostrar las insondables riquezas de su gracia para con los creyentes, dándoles una autoridad y poder insospechables por su unión a Cristo Jesús, haciéndolos como nuevos cristos en su unión con Él. Así, esto que ya viven en la tierra según la medida de su fe, encuentra su plenitud junto a Él en la gloria de Dios (Apocalipsis 4:4; Hebreos 12: 22-23; 12:1).
Estos versículos de la epístola a los Hebreos, en especial del 22 al 24 del capítulo 12, nos muestra claramente que al hacernos cristianos no solo hemos entrado en comunión con Dios nuestro Padre y su Hijo nuestro Señor Jesucristo, sino con toda la familia de Dios, hemos entrado a formar parte de esta familia, de la que ya una parte disfruta de la gloria, hemos entrado en comunión con los ángeles y santos del Cielo, de los que el versículo uno de este capítulo nos asegura, están incidiendo fuertemente sobre nosotros como si fuera una nube que nos envuelve, y que en Apocalipsis capítulo 5 versículo 8 se nos muestran ocupándose específicamente de nuestras oraciones.
Esto nos confirma que la comunión de los santos no solo es un hecho, sino que es la gloria de Dios, el se glorifica en que nos amemos mucho unos a otros y nos mostremos así como verdaderos discípulos suyos, para que todo lo que pidamos Él nos lo dé, y demos así mucho fruto (Juan 15:7-12), porque esta realidad que en un principio debemos vivir sobre la tierra, encuentra su plenitud en los que están en el Cielo, donde permanecen perfectamente unidos a Él, que es el objetivo hacia el que el Señor nos llama y nos lleva (Efesios 2: 4-6), y que aquí vivimos limitadamente. Así pues, todo tiene su origen en nuestra unión con Cristo, de donde proviene la verdadera comunión entre los santos, unión que se inicia con el bautismo, como el sarmiento a la vid, y en la que permanecemos intercomunicados como los órganos en un cuerpo (1 Corintios 12:12-13), si perseveramos, unión que es sobrenatural, mística, del Espíritu, en Cristo Jesús, y que lógicamente sobrepasa los marcos de esta vida, haciéndose más plena en los que moran en el Cielo ( Hebreos 12:22-23; Apocalipsis 5:8-10 ), este último texto nos muestra que los veinticuatro ancianos, la iglesia que está en el Cielo, intercede por la de la tierra, ofrendando las oraciones suyas como incienso al trono de la gracia, lo cual es como su oficio allá, y en el cántico que entonan enfatizan el carácter real y sacerdotal de todos los santos, los del Cielo y los de la tierra, que en el caso de estos últimos se verificará plenamente cuando estén junto a los otros en el Cielo y dominen sobre la tierra, mientras que después todos lo harán en la nueva tierra que creará el Señor; pues Él se glorifica además, como dice san Pablo, mostrándonos las infinitas riquezas de su gracia y amor (Efesios 2:7), con que nos ha dado tal autoridad y poder, que intercediendo en Cristo Jesús, podemos obtener grandes favores los uno para con los otros por el amor.
Ahora bien, la comunión no es solo con los cristianos triunfantes en el Cielo, sino también con los que están en el Purgatorio, a los que nuestras obras de fe ayudan en su tránsito por este lugar al Cielo; algunos se escandalizan de esta verdad, diciendo que no está en las Escrituras, pero si bien no se encuentra explícita, como no pocas cosas, hay varias alusiones bastante claras que confirman el hecho.
Lo primero es un antecedente tan claro en el Antiguo Testamento, que en su esencia parece haber sido escrito hoy en día; y es cuando Judas Macabeo descubre por la voluntad misericordiosa de Dios, que unos soldados suyos que habían caído en batalla, llevaban en sus ropas objetos consagrados a los ídolos, por lo cual habían perecido, haciendo él y sus hombres entonces, no solo oración para que Dios perdonara sus pecados, sino que mandó a ofrecer a Jerusalén un costoso sacrificio por el pecado de sus compañeros, confiando que la misericordia de Dios no es tan solo con los vivos sino también con los que mueren en Él, aunque no sea en perfecto estado (2 Macabeos 12:38-45), el texto incluso alaba la acción de Judas, mostrando que su acto es un verdadero acto de fe en la resurrección de los muertos, como también lo proclama la iglesia hoy en día, que en su época todavía no era algo tan extendido. Pero para los que para desgracia suya no creen en la inspiración divina de estos textos, tienen uno equivalente en 1 Corintios 15:29, donde san Pablo nos enseña que algunos que se bautizaban por los muertos, estaban mostrando con ello su fe en la resurrección de estos, o sea que había cristianos que no solo creían en la misericordia de Dios con los muertos sino que sus obras incidían para bien de ellos, lo cual san Pablo no solo no reprocha, sino que lo reconoce como verdadera fe en la resurrección de los muertos, lo mismo que el texto sobre Judas Macabeo. Otros textos nos insisten en la misericordia de Dios para con los muertos, concretamente en la epístola primera de san Pedro, donde se nos habla que nuestro Señor, una vez muerto su cuerpo fue en espíritu a predicarle a espíritus presos, es decir, espíritus que por desobediencia manifiesta estaban en especial estado pena, que el texto identifica con la generación de Noé, reafirmándose después en el versículo 6 del capítulo 4, que la predicación hecha a los muertos se hizo para que tuvieran la posibilidad de alcanzar la vida en Dios.
Quedando demostrado con estos textos, que la misericordia de Dios es también con los que han muerto, y que las obras que los vivos le hacen con esta fe inciden en bien suyo, habría que definir que es el Purgatorio y donde se alude a él.
En primer lugar, el Purgatorio no es un lugar inventado para tranquilizar la conciencia de los cristianos, que pensarían que alguna gente que no es cristiana no merece el infierno, pues el Purgatorio es un lugar de cristianos, el Purgatorio es para todos aquellos cristianos que no se han purificado y santificado lo suficiente como para entrar en la gloria de Dios, porque a ella no entrará nada impuro (Apocalipsis 21:27), y sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14), por lo que no habiendo cumplimentado en esta vida a plenitud con las exigencias cristianas, tienen que pasar un proceso y tiempo de purificación después de esta vida, para que puedan entrar a la gloria de Dios. Contrariamente a lo que piensan los que objetan de esta verdad, esto es una muestra de la infinita gracia y misericordia de Dios, que teniendo en cuenta la pertenencia suya de estas personas en Cristo, no las desecha y abandona a pesar de las imperfecciones y tibiezas con las que mueren, sino que establece este camino de gracia, que aunque duro, es camino seguro a la eterna posesión de Dios. Así nos lo muestra el Señor en Mateo capítulo 5 versículos del 21 al 26, donde nos dice que bajo su ley, proclamada en este monte, no es como en la ley recibida por Moisés en su montaña, aquí la exigencia es mucho mayor pero también la misericordia, porque Moisés dijo “maldito el que no guarde fielmente esta ley para cumplirla” (Deuteronomio 27:26), por lo que pesa una maldición sobre el que no cumple la ley; sin embargo, el Señor dijo, llevando a plenitud la ley de Moisés, que ya no se trata de matar, sino que aquel que se enoje intempestivamente contra su hermano, y lo llame tonto, o lo ofenda de cualquier forma, ya ha cometido un pecado digno del infierno, o sea un pecado grave o mortal, por lo que debe buscar hacer las paces y la reconciliación con su hermano antes incluso de presentar a Dios sus ofrendas; sin embargo después, a través de la imagen de dos hombres que van enemistados de camino ante un juez, quién echa al culpable en la cárcel hasta que pague todo su delito, el Señor nos muestra que procuremos morir sin rencillas contra nadie en nuestro corazón, que procuremos perdonar y reconciliarnos sinceramente mientras estamos en esta vida ( yendo de camino ), para que no tenga Él, que es el justo juez, que echarnos en la cárcel (el Purgatorio), y tengamos que permanecer allí hasta que nos hayamos purificado de todas nuestras rencillas e imperfecciones. También el caso del inmoral de la iglesia de Corinto, que con toda la autoridad de Cristo sería entregado a Satanás para destrucción del cuerpo, como acto de purificación, anuncia el proceso y tiempo largo de purificación que tendrá que pasar para salvarse, pues no irá a la presencia del Señor, sino que su espíritu solo podrá salvarse en el día del juicio (1 Corintios 5:1-5).
Así pues, la iglesia católica, siendo universal no solo por su alcance geográfico sino doctrinal, por creer y vivir todo lo revelado por Dios, nos enseña la verdad de la comunión de los santos, para que así podamos obtener tanta gracia y auxilio que nos vienen de la Virgen Santísima, nuestra Madre y Reina, que sobresale por encima de todos los santos (Apocalipsis 12:1), y de los propios santos que moran en el Cielo, además de que podamos ganar méritos en Cristo, para nosotros y nuestros hermanos del Purgatorio, haciendo las buenas obras que nacen de nuestra fe.
Residencia del autor: Juan David Martínez Pérez.
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