martes, 20 de julio de 2010

LA IGLESIA CATÓLICA Y LA BIBLIA.

LA IGLESIA CATÓLICA Y LA BIBLIA

En medio de tan profusa y perjudicial confusión religiosa a la que asistimos hoy en día, debido a la libre interpretación de los textos sagrados, se hace urgente e imprescindible aclarar cuáles serían las rectas normas y principios dejados por nuestro Señor para reconocer la verdadera interpretación.
En primer lugar, tenemos que nuestro Señor en todo su ministerio público( y en toda su vida terrenal por supuesto), no se ocupó en escribir nada, sino en formar hombres, pues el principio a seguir, como también sucedió en el Antiguo Testamento, es primero formar hombres, trabajar en ellos, desarrollar en ellos la fe, el amor y el conocimiento de Dios; que ellos sean los libros vivos en que esté inscrita la verdad de Dios, formar así un pueblo, y entonces luego, como resultado de su experiencia de fe, este pueblo pone por escrito todo aquello que es decisivamente imprescindible de conocerse para la salvación, asistido por el Espíritu Santo. Mostrándose así, que es el hombre el principal objeto de amor y trabajo de Dios, y que las Escrituras, en las que el hombre mismo es instrumento activo, son una herramienta valiosísima en función suya; por lo que siempre será el hombre, por voluntad del mismo Dios, protagonista principal en la transmisión de la revelación de Dios; y por eso el Señor no dijo “ir y escribir mis mensajes y enviarlos por todo el mundo”, sino “ir y hacer discípulos míos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado, y yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”(Mateo 28:19-20); por lo que ningún libro sustituye el papel del hombre en la salvación, la acción del hombre encomendado por Dios; ni el libro sagrado, este siempre será santísimo y valiosísimo instrumento en función de su misión. Así pues, no es la Biblia la que tiene el protagonismo principal, que es de entrada el error básico protestante, sino la iglesia; es está la que el Señor se ocupó en formar, por la que murió, y a la que envió; las Escrituras cristianas son un resultado suyo, provienen de ella, pues fue a ella a quién el Señor encargó toda autoridad sobre la Palabra de Dios, como se observa entre otros muchos textos en Juan 21: 15-17, cuando le dice a Pedro, y con él a todos sus sucesores en el gobierno de la iglesia, los obispos de Roma, “apacienta mis corderos y mis ovejas”, dale tú la Palabra de Dios a mis fieles más pequeños y mayores en la fe.
Partiendo de aquí, podemos comprender el porqué de tan terrible profusión de sectas, cada vez más extrañas y dañinas, produciendo cada vez mayor confusión religiosa, pues nunca fue conforme al plan y la voluntad de Dios, que se le quitara, por así decirlo, la Biblia a la iglesia, el patrimonio y dominio sobre esta a la iglesia, y se le repartiera a todo el mundo cómo si este fuera un libro igual que otro cualquiera, trayendo una profanación a la misma Biblia con cada vez más repugnantes herejías, demostrándose que este no es un libro más, ni que esa es forma de hacer verdadera evangelización; la Biblia es un documento sagrado , es un documento eclesial, que no puede separarse de su gestora la iglesia, que por voluntad divina tiene toda la autoridad para su legítima interpretación, lo que llamamos el Sagrado Magisterio. Esto queda muy claro cuando el Señor le dijo a Pedro, “ y a ti te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”(Mateo 16:19); o sea, en esta promesa de nuestro Señor, que es una de las declaraciones más contundentes e increíblemente devastadoras para con los espiritualistas, que no comprenden que Él no hace nada para la salvación de los hombres sino por los hombres, al punto que el mismo se encarnó; nos está diciendo que le ha dado tal autoridad(llaves) a su iglesia, en la persona de Pedro y sus sucesores, que todo lo que decidan en materia de fe y moral, en materia de doctrina, será confirmado en el cielo, y lo que desaprueben será desaprobado; de donde naturalmente se deriva el dogma de la infalibilidad papal, pues poniendo las cosas al revés( el Señor confirmando al hombre, en vez del hombre al Señor cómo resultaría lógico), le está dando toda la fuerza a la idea de que este será perfectamente asistido de lo alto, al punto que no puede equivocarse en esta materia, poniéndose siempre el cuño allá arriba en lo que él decida aquí abajo. A tal punto quiso el Señor dejar claro, que no se trata de libre interpretación, ni de repartir Biblias para que cada cual crea lo que quiera, pues no se trata de filosofías ni corrientes mundanas de pensamiento, sino de la verdad de Dios, que solo por Él puede ser revelada, de la manera estricta y ordenada que Él ha establecido; se trata de obedecer, de reconocer en los hombres por Cristo señalados al mismo Cristo, aún con todos sus defectos, de ser humildes así, teniendo esa fe de niños que Él nos mandó tener, y no soberbios, rebeldes y contumaces, de donde proviene todo pecado desde nuestros primeros padres Adán y Eva hasta nuestros días.
Por tanto, la misma historia de la iglesia se ha encargado en demostrar que el Señor, como siempre, tenía razón; y es que antes del Protestantismo, y de que se repartieran biblias sin más, de una manera hasta cierto punto mágico-supersticiosa, pensando que así ya se estaría garantizando la salvación de los hombres, existía la iglesia, que hizo enorme cantidad de proezas, y dio frutos increíblemente maravillosos, casi podríamos decir, sin biblias. Pues en la edad apostólica no existían biblias, ni los cristianos tenían prácticamente acceso a los manuscritos del Antiguo Testamento, y muy poco a los del Nuevo Testamento que iban surgiendo entonces, sin embargo existía la iglesia con la presencia del Señor y de su Espíritu en medio de ella, que es lo más importante, y había gran fe, amor y servicio al Señor. Después vino la era de los mártires, que duró por más de dos siglos, gloriosa y bendita etapa de fe, amor y entrega al Señor, donde los cristianos no contaban en su mayoría con las Escrituras, sino con algunos que otros manuscritos, esporádicamente muchas veces, sin embargo, fueron derribando ese imperio romano del mal con el testimonio de sus vidas entregadas por amor a Cristo hasta la sangre; seguidamente comenzó la Edad Media, donde la iglesia emprendió y logró la evangelización y conversión de todas las tribus bárbaras del norte, y de todo lo que hoy es Europa hasta Rusia, así como el norte de África y otras regiones, logrando poco a poco establecer naciones bajo el dominio de la fe de Cristo, y otras muchas obras de caridad y civilización en hombres que vivían de la guerra y todo tipo de violencia, sin embargo, se mantenían siendo muy contados los manuscritos bíblicos, y a todo esto, la iglesia contó en todo este tiempo con un innumerable ejército de santos y santas, monjes, mártires, vírgenes, sabios, misioneros, todo género de cristianos que brillaron con la luz de Cristo en el santo testimonio de sus vidas, sin contar con biblias. ¿Quiere decir esto que no existía la palabra de Dios?, por supuesto que existía, pues por medio de la palabra de Dios se engendra y se hace crecer a los cristianos(1 Pedro 1:23-2:2), sin la cual no pudiera existir la iglesia; pero es que la palabra de Dios estaba en el corazón de la iglesia, como siempre ha estado, ella la porta, recibida de los apóstoles, transmitida a sus sucesores los obispos, y así sucesivamente; predicada por sus ministros, la ha tenido toda ella, testificada brillantemente por la santidad de sus más ilustres hijos. Esto nos lleva irremediablemente al valor inestimable de la Sagrada Tradición, que para la iglesia tiene tanto valor como las Escrituras, y que los protestantes tanto desprecian, sin conocer que ella es el origen de las mismas Escrituras y un tesoro incomparable para su interpretación, pues ella es la prueba de que la iglesia es anterior a las Escrituras en el testimonio de la palabra de Cristo, dado que su transmisión fue exclusivamente oral en un principio, cumpliendo el mandato de nuestro Señor, a partir del cual se dejó constancia escrita de lo fundamental y básico por el Espíritu, el mismo que mantuvo el tesoro de esa Palabra no inscrita en los manuscritos sagrados, verificada en los escritos de los Padres de la iglesia, algunos de ellos discípulos directos de los apóstoles, llamados Padres apostólicos, y otros, discípulos de estos, verificada también en los concilios y proclamaciones dogmáticas de los papas, mostrándose que es genuina palabra de Dios, que no solo complementa a las Escrituras sino que ayuda de forma invalorable a la interpretación genuina de su sentido, muchas veces no explícito, algunas veces oscuro, y siempre complejo, porque como criterio irrefutable se tiene cuando los Padres, heredando de los apóstoles el sentido genuino sobre alguna enseñanza de Cristo, están todos de acuerdo en ese punto, como auténtica expresión también de la fe vivida desde un inicio en toda la historia de la iglesia.
Y aquí llegamos a una verdad muy importante y esencial, la gran dificultad de las Escrituras para hallar su genuino sentido demuestra que no fueron hechas para circular independientemente de la iglesia, para ser arrancadas de ella, en donde pierden su auténtico sentido, sino que ellas mismas reclaman la necesidad de un magisterio infalible sobre sí, como dispuso nuestro Señor, que garantice la verdadera interpretación asistida por el Cielo; por lo cual la iglesia con toda la autoridad recibida por Él y echando mano de estos criterios objetivísimos, da a luz conceptos, expresados en dogmas, que sin ella de ninguna manera se hubieran podido alcanzar.
Así tenemos que ni la definición de Dios, lo cual viene a ser lo más importante y decisivo, está explícito en las Escrituras cristianas, ni la definición de la persona de Cristo con relación a sus naturalezas divina y humana, que vendría a seguirle en importancia, y así no pocas cosas de valor, pero además aún las cosas que están explícitas, como la presencia real de Cristo en el pan eucarístico (1 Corintios 11: 23-29) o el bautismo como acto necesario para la salvación(1 Pedro 3:21), necesitan de un criterio infalible, porque entonces le pueden cambiar aquí el sentido recto por el figurado, como hacen los protestantes, cayendo igualmente en herejía, por lo que gracias al Sagrado Magisterio conocemos de la Santísima Trinidad, que Dios es uno solo en tres personas, conocemos de la unión hipostática de la naturaleza humana y divina en Cristo, que era ciento por ciento hombre y Dios verdadero a la vez, sin detrimento de ninguna de las dos naturalezas, que por esto María es madre de Dios y no solamente del hombre Jesús, tenemos la absoluta certeza de la presencia real de Cristo en la hostia consagrada, como también que el bautismo fue instituido para perdón de los pecados y salvación de los creyentes(Hechos 2:38; Juan 3:5); y así otras muchas cosas inestimables que son base de nuestra fe, y que no están explícitamente dichas la mayor de las veces en las Escrituras, pues no se trata de la letra sino del Espíritu, no se trata de que tenga que decirlo explícitamente, aunque a veces así sucede, sino de que sea el sentido de todas ellas, porque la letra mata pero el Espíritu vivifica(2 Corintios 3:6).
Por esto el criterio fundamentalista protestante, de que tiene que decirlo explícitamente el texto, aparte de ser contradictorio(porque algunas cosas las han tomado del magisterio de la iglesia, como fácilmente se ve, y otras estando explícitas entonces le dan otro sentido), los ha llevado no solo a alejarse del Magisterio y de la Sagrada Tradición, sino con ello, del sentido genuino de las Escrituras, dando lugar a cada vez más terribles herejías y sectas, que por tanto se hacen más extrañas cada vez, rechazando dogmas históricamente establecidos como la Santísima Trinidad y otros, confirmando con sus mismos errados testimonios y herejías, la gravedad de la interpretación libre, y la falsedad de todo el principio protestante de solo la Escritura, llevando a un verdadero caos y confusión doctrinal a ese mundo religioso, apartado del cual resplandece la iglesia católica, como única iglesia de Cristo, portadora de su verdadero mensaje y su genuina interpretación, tal y como Él dejo establecido que fuera, y prometió mantenerlo hasta el final de los tiempos(Mateo 16: 18).
Residencia del autor: Juan David Martínez Pérez.
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The Roosevelt tribune.Y EL SILENCIO DE LOS CORDEROS.

The Roosevelt tribune.
Y el silencio de los corderos.

Criterios cognitivos es el juicio por cuyo medio percibimos y declaramos la diferencia que hay entre las cosas reales y aparente -en la tolerancia global.
Martes, 20 de julio de 2010.
En la calle San francisco, entre San Lázaro y Buena Ventura en el distrito de Lawton, -es muy común ver inundarse este sitio por la abundante lluvia que se deposita allí, -la cual llega a alcanzar un nivel de altura de la columna liquida de hasta dos metros. -Como máximo.
Y a consecuencia de estas lluvias y por la inundación que se produjo el viernes 16 de julio, -a los vecinos se les destruye los alimentos, los equipos de entretenimiento y el cemento que tenían para reparar sus casas, las cuales están en muy mal estado. -la mía tiene ya cuatro derrumbes, -pero como dios tiene su propósito con cada persona, -me mantiene vivo para que argumente estas realidades.
El delegado representante político del gobierno en la circunscripción, -plantea que no esta en sus manos dar la solución adecuada, si no ablandar y destruir las opiniones desfavorables al gobierno, que puedan estar en contra del diseño cognitivo que se expresa en imágenes a través de los medios estatales de televisión, apoyados siempre por la radio y otras personas hostiles a la civilización que conviven en el país.
Esta propaganda humanitaria en la televisión, que promueve la confusión hacia el propio bando, y que refleja una realidad con siglos de atraso y abandono en otros países hispanos. Que no tiene nada que ver con el referente cubano que se ha establecido en cinco décadas y que persiste en este momento con la despreocupación y negligencia gubernamental hacia este municipio y otros en ciudad habana, - donde los vecinos que podrían haber perdido la vida en la inundación son los menores:
Yasbel Balanquer Almeida con 17 meses de nacido.
Victor Manuel Balanquer Almeida con 6 meses de nacido.
Madiu Hernández Almeida de 6 años.
Y una anciana de 86 años la cual tiene cáncer.
Una de las victimas directas fue Meyken Almeida Romero de 25 años de edad, la madre de los menores antes citado, -la cual con sus hijos cargado fue que pudo salvar la vida de los mismos. Otra victima directa fue la señora Mercedes Orta Polledo de 70 años de edad enferma con cáncer, la cual se le destruyo todo el material domestico en la casa.
Y a la no solución llega el momento en que las personas se acostumbran a vivir con la muerte a la espalda y en otros, el proselitismo y la ignorancia que produce los medios mediáticos, los hace callar.
La prensa y la radio no han dejado de comunicar los daños Producido por los ciclones tropicales en países vecinos pero lo que sucede en el municipio 10 de octubre que tiene más habitantes que la provincia de ciego de Ávila, no cuenta en la opinión gubernamental.
La liberta de información sostiene a la “paz y la seguridad” que proveen el cimiento del progreso mundial. Históricamente, el acceso asimétrico a la información es una de las principales causa de conflicto entre los estados. Cuando enfrentamos disputas graves o incidentes peligrosos, es de importancia crítica que las personas en ambos lados del problema tengan el acceso a los mismos hechos y opiniones. . –Secretaria de Estado Hilary Rodham Clinton, el 21 de enero de 2010, en el Museo de la información Newseum en Washington, D. C

A la vista de Dios, todos nacen iguales y morimos iguales. Por tanto, ¿no es inútil fomentar la superioridad de una clase sobre otra (en la era de la información) durante nuestra breve existencia?...ver Pánfilo y el Apartheid en Cuba.
“Al ciudadano le corresponde la función de evitar que el gobierno caiga en el error”-Robert H. Jackson, Juez Adjunto de la corte Suprema de los EE.UU. American Communications Association vs. Douds, 1950.
Hay en el Polo Sur un monumento erigido en memoria del expedicionario Ingles Scott. En ese monumento se ha esculpido un verso de Lord Tennyson, que reza así: “ Luchar y Buscar, encontrar y no rendirse!” -la justicia.

Compartimos la esperanza de que dentro de medio siglo, cuando nuestros hijos y nietos miren hacia atrás a los esfuerzos de nuestros tiempos, digan que hemos actuado con decisión, que hemos combinado la compasión con la determinación, -que amamos la justicia-, que pasamos la prueba de la libertad y que les legamos un hemisferio rico en logros, y unido en la construcción de un futuro”—Madeleine Albright, Secretaria de Estado de los Estados Unidos.
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martes, 6 de julio de 2010

A los Hermanos que envío mis trabajos.

A los hermanos que envío mis trabajos

En el año 1998, me dispuse por voluntad de Dios y de la Virgen Santísima, escribir un libro sobre el Apocalipsis, interpretando este difícil texto, con el fin de publicarlo y así sirviera para edificación de la Iglesia. Se lo llevé al encargado de la doctrina y la fe en la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (C.O.C.C) monseñor Petit, el cual después de leerlo me refirió a monseñor Calos M. de Céspedes, considerado máxima autoridad en asuntos teológicos, el cual aprobó dicho texto después de su consideración; no obstante, no pudiendo cumplir mi propósito de publicarlo, experimentando las dificultades de tipo monetario y otras que se suscitan, abandoné el asunto. Con el tiempo me he venido concentrando en artículos no muy largos, como para publicar en revistas católicas, cada vez que me he sentido estimulado, que comprenden los otros nueve títulos dentro de mi lista de trabajos, y en los que pongo ahora mayormente mi ahínco en publicar. Dios quiera que después de considerarlos, si lo encontrasen acertados, puedan ver la luz para Su gloria.
Sin más, su hermano en Cristo:
JUAN DAVID MARTÍNEZ PÉREZ.

La Iglecia católica como Base de la promoción Humana.

LA IGLESIA CATÓLICA COMO BASE DE LA PROMOCIÓN HUMANA
La iglesia católica como heredera del evangelio predicado por Nuestro Señor, de sus enseñanzas y de sus hechos, y como continuadora de su obra, por la fuerza de Su presencia y por mandato suyo, ha sido la base del significativo y considerable desarrollo de la promoción humana en la cultura occidental en estos últimos veinte siglos, y desde ella al mundo; a pesar de los errores y las infidelidades de muchos de sus miembros y de no pocos de sus ministros, que no han podido opacar la brillante luz del testimonio extraordinario de sus más fieles hijos.
Enraizada en la divina tradición judía, contenida en el Antiguo Testamento, donde están las más antiguas, numerosas, elevadas, y precisas normas de justicia de toda la antigüedad antes de Nuestro Señor, donde ya hay exigencias de amor para con el prójimo, de misericordia y compasión para con los más débiles y extranjeros, y otras exigencias de justicia social; la iglesia proclamando las máximas supremas de Nuestro Señor, ilumina a el mundo pagano y bárbaro del primer milenio de su existencia con un divino humanismo que no tiene parangón.
Ya desde sus comienzos la iglesia católica estableció un sistema de vida entre sus fieles que podríamos llamar el primer, auténtico y verdadero comunismo, no por la fuerza de la violencia, el odio y el autoritarismo como el marxista, sino por la fuerza del amor, la verdad y la libertad, donde todos compartían lo que tenían, vendían sus propiedades y ponían el dinero a los pies de los apóstoles para que se repartiera según las necesidades de cada uno de forma que no hubiera ningún necesitado (Hechos 2:44-46; 4:32-35). Esto perduró en la iglesia como muestra de que el amor, expresado concretamente en la ayuda al necesitado, es tan propio e intrínseco de la iglesia como la predicación de la Palabra; justamente por eso cuando comenzó a crecer el número de fieles, y con ellos el de necesitados, y sucedieron los primeros problemas, la iglesia tomó medidas que no impidieran la continuidad de esta práctica, sino que estableció el diaconado y otras normas para garantizar la continuidad de este servicio (Hechos 6:1-6; 1Corintios 16:1-4; 2Corintios 8:1-15; Romanos 15:25-26).
En los años subsiguientes, cuando la iglesia fue adentrándose más y más en el imperio romano, a pesar de la hostilidad y barbarie de este, no dejó por eso esta práctica y vida de amor, sino que la acrecentó de modo tan admirable, que multitudes de hombres y mujeres se convertían indeteniblemente ante la insuperable fuerza de su testimonio de amor.
La práctica de este sistema de vida comunitario, duró de manera efectiva dentro de la iglesia, unos tres siglos aproximadamente; pero no fue este el único ni más grande testimonio de amor que dieron los cristianos en medio de aquel monstruoso imperio, sino que el perdón, la mansedumbre y el amor aún a los enemigos que practicaban los cristianos para con sus tiranos y asesinos, en muchos casos, conmovió a tal punto los cimientos de aquella sociedad que se debilitaron las bases de la violencia, el odio, la ambición y la corrupción sobre las que se erigía, de manera que fue desmoronándose el imperio hasta ser fácilmente devorado por sus enemigos en su parte occidental, lo que constituyó la mayor victoria de la iglesia hasta hoy en día, junto con la lograda sobre el imperio soviético y sus países satélites de Europa del este en el siglo pasado; la primera victoria profetizada en el libro de Apocalipsis (Apocalipsis capítulo 18) y la segunda victoria profetizada por la Virgen en su mensaje de Fátima.
Pero esta victoria de la iglesia sobre el imperio romano no significó sino una gran responsabilidad y desafío, un gran reto para su misión de amor y promoción humana; en lo adelante tendría que ocuparse en civilizar desde el evangelio a todas esas tribus del norte de Europa acostumbradas a vivir de la rapiña, el saqueo y el vandalismo.
Fue entonces cuando la iglesia se creció en la persona de sus más ilustres hijos, que emprendieron la evangelización de todos estos pueblos bárbaros, logrando gradualmente un progresivo cambio de costumbres con la paulatina asimilación de la fe, el amor y la mansedumbre cristianas; de esta forma a la vez que le extirpaban la idolatría y todas las supersticiones, le enseñaban a trabajar y a vivir de una forma ordenada y tranquila.
Junto con esto comenzaron a crecer las instituciones de caridad fomentadas por la iglesia. Además de los conventos que venían siendo de hacía un tiempo de gran ayuda para los más pobres y necesitados, se crearon los hospicios para los viajeros y peregrinos, los hospitales para los enfermos y los asilos para los huérfanos y niños expósitos, además de que se fundaban escuelas para la enseñanza de conocimientos útiles.
Todo esto sentó las bases de la civilización europea, esta paciente y difícil labor fue logrando que poco a poco de estas tribus bárbaras y enemigas se fueran gestando naciones con un criterio más asentado y estable de vida, que aunque no habían llegado a lo perfecto ni mucho menos, tenían un sentido muy superior de la convivencia.
Todas estas instituciones de caridad fueron sembrando en el hombre europeo no solo un sentido cada vez más elevado de la justicia, sino de la misericordia, la compasión y la fraternidad, que junto a una postura diferente y positiva respecto al trabajo y un constante y creciente amor a la sabiduría y a la instrucción, como se vio en el período carolingio y en el siglo XII con la creación de las primeras universidades, posibilitó que él y solo él llegara primero a lo que hoy conocemos como modernidad.
Por lo cual aún apartándose cada vez más de la influencia de la iglesia, las doctrinas y movimientos surgidos en su contra para combatirla, como la Ilustración, la Revolución Francesa, el marxismo; y todas las tendencias socialistas, llevan en sí el germen de justicia, igualdad y fraternidad sembrado por la iglesia en el hombre europeo, por lo que solo en él y en sus culturas hijas del continente americano se verificaron primero estas nociones, y solo mucho después por su influencia, de forma muy parcial, en el vastísimo y poblado continente asiático y en el continente africano.
Ahora bien, en continuidad con esta obra forjadora de conciencia para el mundo entero, como luz y sal en medio de él (Mateo 5:13-16), la iglesia ha seguido librando su gran batalla, que le acompañara hasta el final de los tiempos, contra todas las múltiples formas en que se manifiesta el mal en nuestros días.
La iglesia es el baluarte fundamental en la lucha por la verdadera dignidad del hombre, en contra de tantas corrientes engañosas que con ropaje de liberación, tolerancia y cientificidad lo condenan al abismo de la degradación y a su total perdición.
Por eso no cesa de levantar su voz contra todo lo que atenta contra el carácter sagrado de la vida humana, dando el concepto más elevado, profundo y pleno de lo que es el hombre y de lo que es su vida, como don supremo que recibe del Creador, para que se respete el hecho de que desde el momento de su concepción en el seno materno, hay un ser humano nuevo, único e irrepetible distinto a la madre que no tiene derecho ninguno sobre él, sino el deber de amarlo desde ese momento de más indefensión.
Y así, en este mismo sentido, que cese el carácter de instrumentalización que se le da a la vida humana, cuando so pretexto de investigación se experimenta con embriones humanos.
También, ante la evidente y manifiesta cada vez mayor desmoralización del mundo moderno, la iglesia sigue apuntando al valor sagrado de la familia, que comienza con la valorización plena del matrimonio, como una unión que debe ser estable e indisoluble siempre que haya sido por amor, como el más sólido garante y fundamento para un sano crecimiento y desarrollo de las nuevas generaciones, haciendo retroceder todas las concepciones modernistas sobre la pareja que degradan al hombre y la mujer, y ni se diga las terribles aberraciones de parejas del mismo sexo, que ya quieren imponerse ante la sociedad con reconocimiento jurídico y derecho de adoptar una criatura.
Finalmente cabe destacar que la iglesia tiene también un duro frente en la lucha por la justicia social, política y económica, y por la liberación verdadera del hombre de los ídolos de este mundo, para que sacuda de sí el consumismo, el hedonismo, la codicia y el afán de lucro que continuamente le promueven en las sociedades de consumo y levantando los ojos a su Salvador encuentre lo que realmente llene su vacío espiritual y es trascendente, para que en todas las sociedades del mundo se respete el derecho de todo hombre a manifestar públicamente su fe, sus convicciones políticas e ideológicas siempre y cuando no atenten contra el bien común, antes bien aporten elementos constructivos para una sociedad mejor, para que toda sociedad se esfuerce por garantizar a sus ciudadanos casa, trabajo y salario dignos para una vida decente de todas las familias, para que internacionalmente todos los países respeten el derecho de los otros y se ponga fin a las guerras injustas, a los atentados terroristas, las sanciones económicas arbitrarias y por medio de la paz se globalice la solidaridad, haya unas más justas y equitativas relaciones comerciales y un desarrollo armonioso de todas las naciones.
Residencia del autor: Juan David Martínez Pérez.
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La Iglesia católica y la ciencia.

LA IGLESIA CATÓLICA Y LA CIENCIA

Desde sus mismos comienzos la Iglesia ha mostrado que el Logos, palabra griega que es la raíz de lógica, es decir la Sabiduría de Dios, habita en ella, iluminando al mundo con sus ricos tesoros. Así tenemos, como primerísimos antecedentes, a los apóstoles, rudos e incultos pescadores de Galilea, dando profundos y sabios sermones y respuestas al pueblo de Israel, pero más asombrosamente aún, a los maestros y sacerdotes de este, dejándolos boquiabiertos y maravillados(Hechos 4:13); fueron las primeras piedras de un gran edificio que se iría levantando a través del tiempo, cuyos siguientes pasos verificaron estos mismos apóstoles con sus epístolas y evangelios (compuestos también por discípulos directos suyos), verdaderos tratados teológicos e históricos, incomparablemente más lógicos y racionales que la mayoría de los escritos de su tiempo. Pero sin duda, el gran exponente de estos primeros tiempos fue el apóstol san Pablo, que podemos calificar como el primer gran teólogo de la historia de la iglesia; el Señor le concedió una alta sabiduría(2 Pedro 3:15), con la que no solo desarrolló y profundizó articuladamente la doctrina cristiana sino que rebatió contundentemente la oposición de los judíos y los retóricos griegos, demostrando la superioridad sapiencial de la revelación de Cristo (Hechos 17:16-34; 1 Corintios 1:17-2:16). En efecto, estas características son patrimonio único de la revelación cristiana, pues no vemos en ninguna otra religión ni corriente de pensamiento humana, en la historia de la humanidad, desarrollar tan rápidamente una escuela doctrinal propia, tan profunda y original, que se fue imponiendo en medio de la oposición del sistema teórico más encumbrado de la antigüedad, el sistema griego. Sí, porque en esto constituyó la historia de la iglesia en lo adelante, desde el punto de vista científico, en tomar los elementos más inspirados del pensamiento griego, junto a la rica y apreciable herencia judía, como hiciera el apóstol san Juan en su evangelio y en el Apocalipsis, y sobre todo san Pablo en sus epístolas, y a la luz y novedad de la revelación de Cristo, exponer lo más acabada y perfectamente su doctrina; en esto consistió la Patrística y después la Escolástica.
Muy importantes fueron los aportes de estas etapas de la iglesia al pensamiento del hombre. La Patrística vino a confirmar que la revelación de Dios es lo verdaderamente más lógico a lo que puede aspirar el hombre, y que no solo se puede relacionar con la más alta filosofía sino que es el cumplimiento supremo de su búsqueda de la verdad, y así, poco a poco, los padres de la iglesia fueron convirtiéndose en los principales exponentes del pensamiento de toda esa etapa, cuyo ejemplo supremo fue san Agustín, creador de lo que después se daría en llamar filosofía de la historia.
A la par de esto, las definiciones dogmáticas de la iglesia, propuestas en sus concilios, iban estableciendo conceptos cada vez más abstractos y complejos, como el de la Santísima Trinidad, la definición de las naturalezas divina y humana en la persona de Cristo, que contribuirían al desarrollo del pensamiento de este tipo en el hombre de estas regiones influenciadas por la iglesia, dándole continuidad a esto la Escolástica, produciendo un amor a la sabiduría y al conocimiento, que se observa de manera especial en los monasterios de algunas ordenes , lo cual trajo como resultado, ya desde antes, el renacimiento carolingio(anuncio y anticipo del posterior), notable y considerable auge y desarrollo de las artes y ciencias bajo el impulso y dirección de Carlomagno; el grandísimo e incomparable aporte de la creación de las universidades, como resultado también del amor a la enseñanza que la iglesia venía mostrando desde ya hacía tiempo con la creación de escuelas de oficio y de índole instructiva para bien del clero y del pueblo, y finalmente como resultado de todo el surgimiento de hombres de eminentísima ciencia como san Anselmo, san Alberto Magno y santo Tomás de Aquino, cumbre del pensamiento en esta etapa y para algunos de toda la historia de la humanidad; coronándose también con la construcción de magníficos templos y de grandiosas catedrales góticas, que todavía hoy son el asombro y admiración del mundo entero, algo así como los rascacielos de hoy en día, pero más ricas en arte.
De esta forma como consecuencia lógica, tuvo que surgir en Italia, centro del cristianismo, el Renacimiento, que tomó todo el desarrollo y potencialidades sembrados en el hombre europeo hasta ese entonces, ejercitados en el culto de lo divino fundamentalmente, para manifestarlo en las artes y ciencias humanas; cierto es que junto con ello tomaron auge corrientes paganas, pero esto era inevitable de cualquier forma cuando irremediablemente viniera la desacralización de la sociedad, la autonomía de lo civil y lo religioso, para bien de la iglesia y de la sociedad; por lo cual aún con el precio a pagar que siempre trae la libertad, el saldo fue muy positivo, se dio un impulso a la ciencia, la técnica y las artes, incomparable, que puso a Europa a la cabeza del mundo, y que fue el paso decisivo hacia la modernidad ; pero surgió solamente donde la luz de la iglesia brillaba con mayor intensidad, beneficiándose los hombres no solo en lo religioso, que es lo principal, en lo teológico-salvífico, sino también en lo filosófico, científico, artístico, político, social y económico. Por eso tuvo que surgir ahí y no en otro lugar; y que no se diga que fue fundamentalmente por la herencia de los clásicos griegos, puesto que los árabes se habían apoderado primero de todos esos textos, y aún cuando lograron algunas cosas notables, fruto también de su ingenio, no lograron ni tuvieron un Renacimiento; ni tampoco se diga que se debe a la herencia que dejó el imperio romano, porque la parte oriental estaba aún bajo el peso del mismo, que dominó allí hasta ese entonces, y no produjo tal revolucionario acontecimiento; solo donde el influjo de la verdad de Dios reinaba se pudo dar semejante fruto.
En seguida, como consecuencia, surgieron grandes genios y grandes descubrimientos, que revolucionaron una vez más el mundo, el católico Gutemberg creó la imprenta moderna, René Descartes, discípulo de jesuitas, se constituyó con su duda metódica en padre del pensamiento moderno, padre de la filosofía y la ciencia moderna, al descubrir con su geometría analítica que las matemáticas son y deben ser el lenguaje natural de la física, el sacerdote polaco Nicolás Copérnico fue autor de uno de los hitos más grandes de la historia de la ciencia con su teoría heliocéntrica; sin embargo aún no se comprendía del todo la autonomía de las ciencias seculares de la ciencia sagrada, y tuvo que darse el incidente con Galileo para que la iglesia comprendiera que el camino y los objetivos de ambas son diferentes, se complementan, no se excluyen, ambas buscan la verdad por diferentes vías y de diferente forma; no obstante el tiempo a demostrado que en su afán por la verdad, ambas están relacionadas y se necesitan, pues la teología en su estudio y conocimiento de Dios necesita el auxilio de las ciencias seculares, para la mejor y más exacta comprensión de la obra de Dios, como la historia, la arqueología, la geografía, la astronomía, la biología y otras muchas, al mismo tiempo las ciencias seculares necesitan de la teología si en verdad quieren dar luz y sentido genuino a sus trabajos, que con todos sus esfuerzos no pueden escapar de sus grandes limitantes para alcanzar una verdad general e integral, al ocuparse fundamentalmente del aspecto material de la Creación y recibir de este prácticamente toda su información, siendo a todas luces insuficiente en un mundo que continuamente evidencia un horizonte mucho más grande y trascendental, pues en un universo casi infinitamente grande, casi infinitamente complejo y variado, es casi un infinito absurdo decir que todo es obra del azar y la casualidad, entre otras muchas cosas que necesitan la asistencia de lo divino para llenar vacíos y lagunas inexplicables, y para dar además una correcta y fundamentada ética a este mundo científico, y que no cometan groseros errores y violaciones contra el propio ser humano y contra toda la Creación, como son los intentos de clonación de seres humanos, los abortos, los experimentos con embriones humanos, la “creación” de microorganismos y sustancias dañinas en función de la guerra química y bacteriológica, y el daño al ecosistema con el ataque al medio ambiente entre otras cosas.
Así pues tenemos, que demostrada la compatibilidad entre fe y razón, y en correspondencia con esta histórica convicción suya, la iglesia en continuidad con su más auténtica tradición ha seguido dando desde entonces hijos ilustres, que han marcado pautas en la historia de la ciencia secular, y han sido de paso, no por casualidad, iniciadores de nuevas teorías y ramas del saber, como antaño lo fueron Descartes y Copérnico; aún cuando no es su misión ni su objetivo dedicarse a estas ciencias, sino en la medida de que nada humano le es ajeno, y que la Sabiduría de Dios, de que es custodio para enrumbar las almas en el recto camino de la salvación, irradia hacia los demás campos de conocimiento del hombre, mostrando el Señor que le interesa toda su vida, aunque en sus manos entregó desde el principio el conocimiento y dominio de la Creación(Génesis 1:28), por lo que el ejercicio de gobierno, industria, desarrollo y transformación de la Creación, con todos los conocimientos científicos que esto implica le pertenece al hombre, aún cuando la Sabiduría de Dios interviene para asistirlo y coronar sus esfuerzos en momentos puntuales; como cuando Luis Pasteur, fervoroso católico, padre de la microbiología, descubrió toda la incidencia de los agentes patógenos en las enfermedades del hombre, dando un salto decisivo en la comprensión de los microorganismos y su relación con el hombre, especialmente con sus enfermedades, posibilitando un gran avance en bien de la salud humana; así también el cubano Carlos J. Finlay rezando el rosario fue iluminado acerca del papel del mosquito aedes-aegypti como agente transmisor de la fiebre amarilla y otras enfermedades, de igual manera el monje austríaco Gregor Mendel, padre de la genética, dio los primeros pasos en la comprensión de los caracteres hereditarios, tan importante para una exacta y profunda comprensión de toda la vida sobre la Tierra, su origen, su variedad, sus características propias, la forma en que se transmiten, echando por tierra simples concepciones mecanicistas; como también el padre belga Georges Lamaitre fue el creador de la teoría cosmológica del Big Ban o Gran Explosión, la única con varias comprobaciones experimentales, en detrimento de otras, por lo que es la mayormente aceptada, asestando un duro golpe a los errados dogmas materialistas de la eternidad de la materia y cosas como estas.
Esta teoría ya tenía antecedentes eclesiásticos, mostrando su inspiración divina, cuando el padre Zerchi, desde el observatorio del Vaticano, en las decenas finales del siglo XIX, fue el primero en observar los distintos colores que las estrellas tomaban según la edad que tenían, por lo que pudo intuir que el universo no era un ente estático, sino que tuvo un origen y estaba en expansión, uno de los presupuestos básicos de la teoría del Big Ban. Así pues comprendida la lección del proceso de Galileo, la iglesia respalda ahora el progreso de la auténtica ciencia secular sin ningún temor, absolutamente segura de la verdad, y que la verdad no puede contradecirse a sí misma, pues Dios autor de las Escrituras y de la Creación nos habla por ambas vías de distintas cosas y de distinta forma, pero todo procede de Él en donde no hay contradicción, y solo nosotros los hombres nos contradecimos al interpretar ambas lecturas, por lo que hombres de iglesia, prestos y capacitados para este servicio, son instrumentos de la Sabiduría de Dios para develar sus misterios.
Por eso la iglesia, alejándose de las posiciones fundamentalistas de las sectas, hijas de Lutero, que opuso la fe a la razón, a interpretado los primeros capítulos del Génesis, que hablan del origen del universo, de la vida y del hombre, con verdadero criterio científico, o sea desde la ciencia sagrada o teología, y desde las ciencias seculares, como un mensaje de alta sabiduría teológica, que es su objetivo, que no pretende darnos información de las otras ciencias que corresponde a los hombres ejercer y descubrir, sino en todo caso tangencialmente; por lo tanto el texto es de un género literario complejo, pues no es estrictamente histórico-narrativo, sino que siendo de una gran riqueza y profundidad teológica, se usan muchas imágenes, alegorías y símbolos, que ha llevado a decir a muchos que es un poema, y es que en verdad, en función de transmitir mensaje tan espiritual y complejo hay más de una licencia, y muchas imágenes, por lo que el texto podía clasificar como teológico-histórico-poético-alegórico. Esta clasificación valdría sobre todo para los tres primeros capítulos, a partir del cual hay reminiscencias de esto pero con lenguaje un poco más directo, hasta el capítulo doce, a partir del cual hay un cambio franco de estilo, pasando a ser más puramente histórico-narrativo.
En el primer versículo hay ya una gran revelación, sobre todo teológica, pero también física;”en el principio”, pues hay un principio, como nos muestra el Big Ban, principio que san Juan retoma en su evangelio(Juan 1:1), para decirnos que el Verbo, la Sabiduría de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, que encarnó en Jesucristo, estaba en ese distante momento con el Padre y con el Espíritu dándole inicio a la Creación, el texto del Génesis lo muestra en verdad como algo distante que originó primero los cielos(el universo), y derivó después en la Tierra, a la que llega enseguida, pues es el centro de su mensaje en este primer capítulo, porque es el centro del universo, no porque lo sea físicamente, sino mucho más que eso, espiritual y teológicamente, porque es donde Dios va a crear la vida y al hombre a imagen y semejanza suya, lo que hace a la Tierra el centro espiritual del universo, y todo lo demás en él está en función suya, ella es la verdaderamente importante en todo este inconmensurablemente grande universo, por eso se narra cómo desde ella y para ella, por eso aunque esa luz primera que irrumpe en la oscuridad de los primeros tiempos, es obviamente la del sol, no se habla de él y los otros astros hasta el cuarto día, pues nada puede anteponerse al protagonismo cimero de la Tierra; los días obviamente no son de veinticuatro horas aunque reiteradamente se nos propone así de manera poética, con la frase “y fue la tarde y la mañana”, para presentarnos a Dios también de manera antropológica, como un trabajador humano que labora todo el día, descansa en la noche, y así durante seis días, descansando el séptimo.
Después hace Dios que a través de esa irradiación solar se evapore una enorme masa de agua, un abismo de agua, por medio de lo cual deja lista la atmósfera terrestre con sus diferentes capas, expresado con los únicos términos que un hombre de aquel tiempo podía, ”haya una expansión en medio de las aguas y separe las aguas de las aguas”, obsérvese que ya el universo había sido creado desde el principio, este nuevo cielo del que se nos habla aquí, relacionado directamente con la Tierra es lo que viene a ser toda la atmósfera terrestre; después cuando las aguas estuvieron a nivel adecuado pudo descubrirse la tierra firme, apartando y limitando las aguas a los océanos y mares, y así creciera en ella toda la vegetación, solo después se nombran los astros del cielo, haciéndose marcada mención de estar en función de la Tierra por todo lo antes dicho, ”son lámparas o lumbreras para apartar el día de la noche, para señales de días, años, y estaciones”. Sigue en magnífica consecución, concordante con la ciencia moderna, la creación de los animales acuáticos, terrestres, y como corona de toda la Creación el hombre, distinto esencialmente de todos los demás(a imagen y semejanza de Dios), algo que se comprueba a diario y que las ciencias seculares no alcanzan a demostrar en toda su magnitud, por estar limitadas fundamentalmente a lo material, algo en lo que sí el dato bíblico-teológico es muy superior, original y único, que debiera ser muy atendido como otras capitales enseñanzas teológicas en las que no es objetivo de este trabajo detenerse como merecen, por estar relacionado sobre todo con las ciencias seculares. De esta forma termina la Creación de Dios en “seis días”, incluyéndose el séptimo, día de descanso, dentro del ciclo, para valorar al máximo el descanso como parte integral de la vida de trabajo del hombre, en que además de reponer sus fuerzas, a de dedicarse por encima de todo a su Creador, comprendiéndose por otra parte que Dios no necesita descanso y mucho menos de veinticuatro horas, sino que referido a Él, este “día de Dios” representa todo el tiempo desde que creó al hombre hasta que vuelva hacer nuevos cielos y tierra, o sea todo este tiempo de miles de años sin hacer grandes obras de creación hasta que haga “nuevos cielos y tierra nueva en los que more la justicia” (2 Pedro 3:13), hasta que llegado el final de los tiempos destruya este gran universo, gran obra suya, pero infestado y corrompido por el pecado (Romanos 8: 19-22), Y haga uno nuevo y muy superior para morar con sus hijos y herederos(Romanos 8: 17; Apocalipsis 21: 1-7).
Seguidamente, en el segundo capítulo, no se contradice al primero como hay quienes han dicho, sino se toman las cosas desde otro plano, ahora ya no se trata de la Tierra como centro espiritual y teológico del universo, sino del hombre como centro espiritual y teológico de la Tierra, ahora con licencias típicas de la literatura de este texto, se pasa rápidamente por encima de toda la creación del universo hasta llegar al hombre, como anteriormente se había hecho con la creación del universo hasta llegar a la Tierra(Génesis 1:1), y se resume la idea diciendo así “estos son los orígenes de los cielos y la tierra cuando fueron creados, el día en que Yahvé Dios creó los cielos y la tierra…” (versículos 4 y 5 ), o sea resume la idea al máximo y lo pone como algo distante, muy distante de este plano nuevo en que se va a crear al hombre, y se le llama a todo el tiempo de creación antes del hombre “el día” ; ahora toda la Creación está en función del hombre, y como este no ha llegado aún no llueve ni crece la vegetación, claramente se está evidenciando que ha pasado una gran cantidad de tiempo hasta la llegada del hombre, y que ha habido un cambio importante en la Creación, que ha evolucionado hacia un mundo óptimo para la llegada de este, que tiene rasgos paradisíacos, y que está preparada esperando la llegada de ese hombre, “de la misma tierra brota un agua que la riega”, esta imagen sirve para esa otra imagen fuerte de Dios como un alfarero haciendo del barro al hombre, para lo cual necesita agua; a partir de ahora todo es creado en función del hombre, el hombre es el centro de toda la Creación, se le crea un jardín, que refuerza la idea de un mundo paradisíaco para bien suyo, y allí se le crean las mejores y óptimas condiciones, porque esta Tierra fue creada para el hombre inicialmente en un estado muy superior que en el que ha degenerado después de la primera desobediencia o pecado original; hay abundantes ríos por todos lados garantizando la fertilidad, árboles y plantas de todo tipo para su alimentación, y animales de todo tipo para su compañía, aunque ninguno llena su ser, pues solo la mujer, un ser esencialmente igual a él (sacada de su costado), que lo complementa, de manera que juntos forman la especie humana, puede ser una verdadera e ideal compañera, la imagen de la costilla es tiernísima y muestra la profunda intimidad e indisolubilidad de la pareja humana, del matrimonio, reafirmada con los versículos derivados de ella “esta es hueso de mis hueso y carne de mi carne…..por lo tanto dejará el hombre a su padre y a su madre(porque es mayor la intimidad, el amor y el llamado para con su mujer) y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne” (una sola persona).
Después, en el capítulo tres ,se nos narra la bendita relación de intimidad que tenía la primera pareja humana con Dios su Creador, como es lógico, pues para eso fue creado el hombre, estando en un estado de plena inocencia(estaban desnudos y no se avergonzaban), lo cual fue la envidia del diablo(Sabiduría 2:24), que quiso sembrar en la mujer(el lado más débil), y por ella al hombre, la misma soberbia, orgullo y altivez que lo llevó a condenación, lo que Dios permitió para probar la obediencia y fidelidad de sus amadas criaturas, a su Buen y Amoroso Creador, que como un Padre había sido y era con ellos en todo; desgraciadamente el hombre y la mujer prefirieron la soberbia de ser como dioses y ser tan sabios como su Creador, conociendo por ellos mismos lo que es bueno y lo que es malo, perdiendo así su estado de inocencia, entrando por esto el pecado en el mundo, la desobediencia que corrompió la naturaleza humana (fueron abiertos sus ojos y conocieron que estaban desnudos), pero Dios mostró entonces las superabundantes riquezas de su misericordia para con todos nosotros sus criaturas, prometiéndonos a todos un Salvador y junto a Él una madre corredentora[auxiliadora perfecta en la Redención (versículo 15)], para que por Él tengamos vida, y por ella nos sea más fácil el camino a Él.
Después de todas estas inestimables revelaciones, comprendemos el valor único e insuperable de la ciencia sagrada, de la teología, en pro de que el hombre conozca las verdades más profundas y trascendentales de su existencia y de la vida en general, por lo cual las Sagradas Escrituras no se detienen en datos sobre las ciencias seculares, que no solo pertenecen al campo de trabajo del hombre, sino que por lo mismo, aunque con límites ,están a su alcance, y aunque de gran valor no tienen el carácter decisivo y único que para la persona humana, para su trascendencia, su moral, su dignidad y misión únicas, tienen los datos de esta otra ciencia sagrada, que solo pueden ser reveladas por nuestro Creador, por lo que trabajando ambas en cooperación, respetándose cada una su lugar, y aún más auxiliándose debidamente en todo lo que sea necesario, pueden dar juntas el conocimiento de la verdad y la felicidad que necesita el hombre.
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Fundamentos Bíblicos de la Iglecia Católica.

FUNDAMENTOS BÍBLICOS DE LA IGLESIA CATÓLICA
La iglesia, institución divina, presencia de Cristo en la tierra, instrumento de la gracia y la salvación de Dios por tanto, es sin embargo ignorada por muchos hombres y mujeres, que no alcanzan a reconocer en ella su filiación divina; fijándose más en las mediocres vidas de algunos de sus miembros e incluso de algunos de sus ministros, que en la fuerza y poder de Dios que en ella hay, y de la que se puede participar por la fe para llegar a renovarnos a la imagen y semejanza de Cristo, y ser una de las tantas vidas ejemplares que han brillado como testigos suyos ante el mundo, fruto de la iglesia, en lo cual deberían reparar más sus calumniadores, detractores, enemigos e indiferentes.
La iglesia ha tenido, tiene y tendrá siempre diferentes tipos de adversarios, enemigos u oponentes, mientras peregrine por este mundo hacia la casa del Padre, por causas filosóficas, religiosas, existenciales y políticas, sin embargo ninguno de los programas o sistemas de vida presentados por ellos, ha tenido valor semejante, ni teórico, ni en la práctica por ende, al de la iglesia de Cristo. Ninguno puede presentar la unidad, factor número uno en toda empresa de hombres, la universalidad, la estabilidad permanente en el tiempo, y la santidad de un número importante de sus miembros, que tiene la iglesia católica, a pesar, y esto es también asombroso, de los pecados, abusos y excesos cometidos por varios de sus miembros, que no han podido, no obstante, con la mayor fidelidad y gracia de Cristo, mostrando así el poder de sus promesas y elección recogidas y sentenciadas en las Sagradas Escrituras, en el libro sagrado, en la Biblia.
Y es que desde siempre estuvo en la mente de Dios, como meta y objetivo principal a cumplir para la salvación de los hombres, después de la vida, obra, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, la iglesia. Es pues la iglesia un verdadero e indispensable organismo creado en función de la salvación de los hombres, dotada de vida, autoridad y autonomía propias, muy bien pensada y determinada por Dios su Creador; a ella le fue dada a través de sus principales pastores la máxima autoridad en materias de salvación, las llaves del reino de Dios(Mateo 16:19), a ella le fue dado de esta forma por tanto, decidir que hay y que no hay que creer, y que hay y que no hay que hacer para salvarse, para entrar en el reino de Dios, por lo mismo que decide, pudiéndolo especificar en casos que se requiera, quién entra o no en la salvación de Dios, en su reino, para esto le fue dicho que lo que ate o permita en la tierra será permitido o atado por Dios en el cielo y lo que ella desate y en última instancia, quién ella desate será desatado, prohibido por Dios en el cielo(Mateo 16:19). Es por eso que ella no se concibe como un grupo o grupos reunidos por su parte en torno al Libro, sino que ella misma es uno de sus protagonistas, y está llamada a serlo hasta el fin del mundo (Mateo 28:20) por la acción del Espíritu Santo, y así mantener la dignidad y la altura cumpliendo con su misión, como de ella se recoge, promete y profetiza en el sagrado libro. Ella no fue creada a partir del Libro sino del mismo Cristo, y por eso a Él está sujeta en primera instancia por el Espíritu, el Libro es un fruto de ella en parte, pues Dios sopló a través de sus más eminentes miembros y líderes, los apóstoles, sus enseñanzas fundamentales, para comunidades y problemas concretos suyos aplicables a toda su historia, y a ella tocó discernirlas de entre otras muchas y así establecer el Libro como tal, por lo cual debe estar atenta y ceñida al máximo con ellas, pues responden a sus principales testigos, líderes y pastores, testigos personales del mismo Cristo, que inspirados por el Espíritu Santo dejaron constancia escrita de la verdad divina; pero además ella fue depósito único o fundamental para la casi totalidad de los cristianos de esas enseñanzas de Cristo y sus apóstoles por muchísimo tiempo, pues todo el lapso en que no existía ninguno de los escritos de los apóstoles, ni de los evangelistas sus discípulos, estas enseñanzas las mantenía la iglesia, y aún después que existían esos manuscritos sagrados a los cuales muy pocos tenían acceso, la verdad alcanzaba a las personas, era propagada, vivida y mantenida por la acción de la iglesia. Quiere decir que queda demostrado que es la iglesia el medio fundamental creado por Dios para llevar su verdad al mundo, el Libro es fruto de ella, en cierta medida, por voluntad de Dios, para que comprendamos que a ella le pertenece, y es usado por ella, leído e interpretado en comunión con ella, a la luz de sus enseñanzas, que el Espíritu nos da perteneciéndole a ella, que adquiere su pleno valor y podemos obtener de él el máximo.
Por esto la iglesia no es un grupo más creado en función de la Biblia, que gira en torno suyo, sujeto absolutamente a la letra, por lo cual en este absoluto nunca la comprenden debidamente, entre otras causas, sino que usándola como herramienta suya por el Espíritu, se auxilia de ella para su perfeccionamiento y para el cumplimiento de su misión evangelizadora para con el mundo.
Es por esto que es grave pecado combatir a la iglesia católica, y más aún usar las Escrituras para ello, siendo que nos han llegado hasta nosotros celosamente conservadas a través suyo, además de ser una muestra de ignorancia por ser este santo documento una prueba contundente en todas sus partes de la autenticidad y fundamentalidad divina de la iglesia católica.
Quiere decir esto también que no se evangeliza el mundo repartiendo Biblias a diestra y a siniestra sin más, sino que la población, o el barrio, o el país, debe ser alcanzado por una iglesia o varias según el territorio y la necesidad, donde las personas puedan iniciar y desarrollar su vida de fe y entonces sea así una bendición que todos puedan tener las Escrituras.
De igual forma es un error ese criterio y práctica que un día surgieron y hasta hoy subsisten, con mayor o menor conciencia en muchos grupos, de que el asunto consiste en darle las Escrituras a los que llegan a sus congregaciones, para que habitualmente la lean en sus casas como garantía de su salvación y crecimiento espiritual, para que después vayan a sus congregaciones al “resto”, a cumplir con reunirse como un mandato y celebrar su fe, al mismo tiempo que escuchan lo que se sabe son criterios personales del que los dice, con igual autoridad que lo que ellos entendieron personalmente en sus casas. Esto no es la iglesia de Cristo, no fue para eso que Jesucristo la preparó, la fundó y murió por ella, esto más bien se asemeja a las sinagogas judías, esto es más bien lo que no debe ser la iglesia, en lo que no debe convertirse, pues no es ni una escuela para enseñar las Escrituras, ni un motivo para simplemente reunirse, cantar y celebrar. Así sucede cuando no tiene importancia la iglesia como institución, ni se considera divinamente fundamentada, sino que lo único sagrado y divino son las Escrituras; pero como estas no fueron compiladas para ese trato, sino por la iglesia y para la iglesia, para tener un uso, un trato y un objetivo eclesial, sucede que son profanadas, desvirtuadas, haciéndose libres y falsas interpretaciones, que hacen surgir vanas contiendas, discordias, celos, malas sospechas, odios y por fin, como resultado de todo esto, nuevos y nuevos grupos llamados iglesias, que no comprenden si quiera lo tan antibíblico y anticristiano que son esas divisiones, desgarramientos y multiplicación de grupos.
Y es que no pueden detenerlo, pues el principio que originó este movimiento desde sus inicios subsiste, ya que viene siendo como su esencia misma, se insiste en la Biblia como en un absoluto, la han mistificado, la han deificado, convirtiéndola en algo irreal, pues como es la palabra de Dios se entiende por sí sola, todo el mundo está en igual capacidad de entender su mensaje al máximo, no se necesita de otros hombres que la hagan comprender, y así se niega la iglesia, la misma Biblia y hasta Dios mismo, se crea el caos que ha dado como resultado miles de estos grupos. Los que una vez se erigen como líderes de un grupo tratan de mantenerse haciendo valer más su autoridad, pero no pueden negar ese principio que subyace en todos, y por el que ellos mismos se han erigido, y al que invocan constantemente, pues todos creen tener la verdadera interpretación; por lo que en un plazo más corto que largo surgirá otro líder que “acabará” con los errores y traerá lo “verdadero”. Es que la iglesia no cuenta, la iglesia no tiene la verdad, sólo la Biblia, lo cual es además lógico en sus casos, pues ellos se saben recientemente surgidos, sin tradición ni fundamento apostólico en la historia, la iglesia es por tanto sólo un grupo de creyentes en torno a la Biblia, que tratarán de interpretarla y vivirla lo mejor que puedan, y así, como los hombres no tienen mucha importancia, da igual reunirse con unos que con otros, máxime si los últimos han logrado convencer a algunos de que tienen la verdad, mientras que en los otros ya se ha visto que no.
Es esta situación que surgió al cabo de muchos siglos, como el mismo Señor nuestro profetizó (Mateo 24:10-13), exacta y precisamente lo contrario de lo que Él siempre ha querido y llamado a ser su iglesia. La iglesia no puede ser jamás un montón de grupos aislados, divididos y contrapuestos, ni se diga que esto no importa porque es un cuerpo místico solamente, pues lo que no ha sido cuerpo nunca, mucho menos lo puede ser místico. Cuando la Biblia usa la palabra “cuerpo”, como otras para simbolizar la iglesia, es porque está queriendo decir o dar a entender, precisamente la perfectísima unidad que debe ser la iglesia en la diversidad; la organicidad y funcionabilidad como un todo que significa la iglesia, por eso es un cuerpo, porque no se concibe la iglesia de Cristo dividida, fragmentada, disgregada, porque lo que es así no es un cuerpo sino perfectamente lo contrario, más aún cuando se habla de un cuerpo místico se está hablando de una unidad que no es solo entre los hombres, sino que es una unidad entre estos y Cristo, una unidad mística porque es sobrenatural, del Espíritu, que lo une a ellos con Él y entre sí, una unidad espiritual imposible de quebrantar, semejante a la unidad entre el Padre y el Hijo por el Espíritu Santo(Juan 17:11-21); así de increíblemente grande, sobrenatural y divina es la unidad de la iglesia, así pues cuando se dice que la iglesia es un cuerpo místico, se está diciendo lo mismo que decir el cuerpo de Cristo, que es la expresión bíblica que con mucha más riqueza, espiritualidad y profundidad significa lo antes dicho, la iglesia, la única, unida entre sí y a Dios por el Espíritu hace dos mil años, no hay escape ni justificación, quién no pertenezca a ella no está en el cuerpo de Cristo(Efesios 4:4-6).
Queda también definitivamente demostrado que decir iglesia de Cristo es decir unidad, pues su Espíritu se la confiere (Efesios 4:3) y solo los que no lo tienen rompen con ella (Judas 19), tanto es así que hasta para nacer la iglesia requirió de una gran unidad, que por obra del Espíritu se gestó de forma muy temporal pero eficaz para hacer posible la gran manifestación de Pentecostés. Los discípulos comenzaron a orar con gran unidad, que llegó a un grado de compenetración y agrado al Señor muy grande ese día del glorioso derramamiento que gestó el surgimiento de la iglesia (Hechos 2:1). Si para poder nacer la iglesia necesitó gran unidad, cuanta más unidad será la iglesia misma, cuanto más con el poder del Espíritu que sella y consolida esa embrionaria unidad, que fue necesaria y a la vez muestra de lo que sería la unidad de la iglesia para siempre.
Pero es que además, dada la importancia de este tema, es conveniente dejar muestra de otros términos y enseñanzas que la Biblia refiere para la comprensión de lo que es la iglesia.
Es de destacar por la vital importancia que tiene, que el pueblo de Israel con toda su historia y sucesos sagrados es la principal figura o prototipo de la iglesia; es el primero el pueblo de Dios de la antigua y primera alianza de Dios con los hombres, mientras es la segunda el pueblo de la nueva y definitiva alianza; está llamada por tanto a ser muy superior en todos los órdenes espirituales a su predecesor, siendo así que si este, fundado por Dios de doce hombres, que representando doce tribus unidas por lazos carnales, formaban el todo unido que significa un pueblo, más aún la iglesia formada de doce hombres representa un pueblo unido por lazos más elevados, lazos espirituales.
El pueblo de Israel fue también testigo de períodos de grandes y graves crisis, en las que no solo Dios mostró su justicia sino más aún su misericordia y fidelidad que nunca se acortaron, por lo que no faltaron los más grandes y poderosos profetas que en medio de estas situaciones fueron los precisos instrumentos de Dios, para renovar la fe del pueblo, lo cual muchas veces no tuvo todo el éxito pero mostró el amor siempre fiel del Dios nuestro, que tanto más ha sobreabundado con su iglesia, que igualmente ha pasado por aquellas tormentas que azotaban aquella barca en el lago de Galilea, y en las que Jesús enseñó a sus apóstoles y especialmente a Pedro (Mateo 14:22-32), como hoy a sus sucesores, que en la confianza plena en Él está la victoria sobre las más enrarecidas turbulencias. Sin embargo, la verdad es que muchas de estas turbulencias le han enrarecido el panorama a la iglesia producto de sus propios pecados, de múltiples, graves y constantes pecados de considerable parte de sus miembros, y aún de sus líderes, pero como antaño sucedió con el pueblo de Israel, Dios no se quedó sin testigos, y levantó los más grandes, que sirvieran con sus palabras pero sobre todo con sus ejemplos, de motivo de arrepentimiento y renovación para la iglesia y para el mundo en general.
Es esta sin embargo una gran enseñanza que Dios le da a los hombres, pues siendo infinitamente santo y justo es también muy grande en misericordia y fidelidad, y no se apresura en desechar a los hombres y mucho menos incumple con sus promesas y su verdad, mientras que estos llenos de intolerancia, soberbia y dureza no vacilan en hacer leña del árbol caído, y así hacen juicios despiadados sin respeto por tantas cosas sagradas, impetuosos e irreverentes. Así muchos se hicieron de su propio camino, como también los samaritanos escogieron el suyo apartándose del pueblo de Israel, creando su propia religión, construyendo su propio templo, y adaptando las Escrituras en extensión y en interpretación a sus nuevas concepciones; sin embargo Jesús fue impecable en este sentido con la mujer samaritana, afirmándole en los mismos términos que a alguien perteneciente a un pueblo pagano, “vosotros adoráis lo que no sabéis, nosotros adoramos lo que sabemos porque la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22). Esto adquiere más significación cuando vemos que en el mismo pasaje y en todo su mensaje, Jesús más que reafirmar la religión judía se presentaba como iniciador de un nuevo Camino, que no negaba la esencia del sistema precedente, pero sí basándose en esta lleva la revelación hasta lo perfecto y definitorio; sin embargo es en este único pasaje donde Jesús, ante la contraposición e inconsciente presunción (versículo 20) de esta mujer, perteneciente a una falsa religión, rival además de la que había sido hasta entonces la única y verdadera, que categóricamente le muestra que fue el judaísmo la verdad de Dios hasta Su llegada (versículo 23).
No obstante Jesús nos dejó bien trazado el camino a seguir ante estos casos, una actitud firme en la verdad de Dios que no hace concesiones, como fue siempre Él en todo, pero llena al mismo tiempo de misericordia, comprensión, amor y valentía para superar todos los prejuicios y obstáculos que se ponen los hombres entre sí, una actitud reconciliadora, superior, que mira al hombre o a la mujer más allá de sus creencias y criterios, y que con un amor solícito que se muestra con hechos y sacrificios, busca llevarles la verdad de Dios según también la solicitud mostrada.
Es obvio entonces que no le es dado al hombre apartarse por su propia voluntad y libre albedrío, de aquellos a los que Dios desde un inicio confió la sagrada misión de ser portadores de su verdad, no valen argumentos de aparente celo de Dios, de que se cometen pecados o de que se han hecho cambios, pues si lo que Dios mismo fundó es susceptible de cometer graves pecados cuanto más lo que funda el hombre; está comprobado, Samaria pasó de capital del reino de Israel a ser un pueblo pagano, los pecados de que tanto acusan algunos a la iglesia no han hecho ellos sino multiplicarlos con sus divisiones, desgarramientos, disputas y otras muchas cosas; y si a cambios estructurales se refieren o complementaciones doctrinales, sépase que lo que Dios crea o funda lo crea con vida y autonomía propias, nunca estático, con capacidad de desarrollo, madurez y organización; por eso los samaritanos no estando a tono con la obra que Dios hacía, y con herencia de los israelitas del norte que ya habían perdido gracia por el cisma, no aceptaban toda la nueva estructura y organización que el pueblo de Israel ganó con la gestión de David, quien centralizó la vida política, económica y religiosa de Israel en Jerusalén; y respecto a la doctrina, de igual forma se debe comprender que la revelación de Dios es progresiva en el tiempo, a través de ese mismo pueblo que Él fundó con la misión de llevar su palabra al mundo, por la cual es necesario e imprescindible estar en el pueblo para seguir el hilo del Espíritu de Dios, y no negar lo nuevo que Él dice, cuando era el caso del pueblo de Israel, o lo nuevo que aunque estaba ahí, se descubre o se profundiza, se realza o se establece en un momento determinado, en el caso de la iglesia.
Ahora bien, si cierto es que el antiguo Israel fue figura de la iglesia, esta es una mayor referencia para el reino de Dios, ella viene a ser como la antesala del mismo, su preámbulo, su primera parte o fase, por tanto está llamada en todo momento a recordarlo, a hacerlo presente, lo más cercano posible, y tanto es así, que cuando Jesús habla de él en las parábolas, sorprende que no se detiene nunca a descubrir el velo del misterio que significan los detalles y las características de ese reino, que es centro de su mensaje, sino que nos apunta siempre a que comprendamos su esencia por medio de lo que debe ser su apertura, la iglesia. Si comprendemos que cuando se dice reino de Dios se equivale a decir el estado de Dios, el gobierno de Dios o el dominio de Dios, es obvio que no cabría compararlo, asemejarlo o prefigurarlo con una iglesia dividida o menos aún con grupos aislados; nada hay más parecido a ese reino que esa única iglesia, cuya organización incipientemente formada por el mismo Jesús, y que se iría desarrollando paso a paso acentuadamente, como el enseño en la conocida parábola de la semilla de mostaza, en la que el árbol, como la iglesia, va creciendo y ganando en desarrollo, fuerza y madurez, es la más parecida a la de un reino o estado, donde hay una cabeza visible, rectora, líder, otros cercanos a este que le auxilian en el gobierno, y así hasta llegar a la gran masa, que le sigue con fe en su elección por Dios para dirigir sus destinos.
Es así que es increíble ver como se ha cumplido certera y maravillosamente la parábola y su enseñanza, pues hemos podido ver como de esa semilla, que fue la muerte de nuestro Señor, ha brotado un gran árbol que se ha ido fortaleciendo poco a poco, que es la iglesia; y además como el árbol viene a ser una figura perfecta de la unidad de la iglesia en su universalidad y diversidad, pues así como el árbol a partir de un tronco común se extiende por una gran área a través de sus ramas, de diferente forma, la iglesia se ha extendido por el mundo, y está llamada a hacerlo permanentemente, a través de sus distintos carismas y formas de servicio a Dios y al prójimo, a partir del tronco común de Roma. Toda esta fortaleza y organización en unidad que ha ganado la iglesia tenía que ser, porque tiene que asemejarse lo más a lo que está llamada a representar, el reino de Dios, por lo que en esta dirección y en pro de ese objetivo, según nos enseña la parábola, tenía que llegar a lo que es hoy, una iglesia que tiene un estado central, independiente a todos los demás en el mundo, presidido por un jefe soberano, quien desde allí la gobierna junto a sus consejeros y auxiliares, una iglesia que es como un gran reino distribuido por todo el mundo, como una sociedad diferente a las otras del mundo pero metida y haciendo su labor dentro de él, como la levadura en la masa, realidad que también contempla esa otra parábola de Jesús, solo así, con esta estructura de organización, orden, autoridad, unidad y estabilidad a la que el Espíritu a llevado a la iglesia, se puede asemejar esta a lo que va ser el reino de Dios en su plenitud, prototipo de unidad, estabilidad, orden y toda virtud de un gobierno, de una sociedad, de un reino; solo así, y nunca como un montón de grupos aislados y contrapuestos, cualquiera que pertenezca a la iglesia, y aún los que desde el mundo la escuchen con respeto, podrán tener una idea más exacta de lo que será ese reino de Dios como tal que ella predica.
Por esto el cimero lugar que ocupó en Jesús la organización de su iglesia, basada en la jerarquía del servicio, opuesta absolutamente en sus principios a la del mundo, en anuncio a la que regirá definitivamente en su reino, pero que demuestra que era asunto primordial en Él dejar establecidas las bases del orden, la organización y la unidad; por lo cual desde los comienzos dejó ver claramente su determinación de escoger, preparar y responsabilizar de entre todas las multitudes de seguidores a doce discípulos, para que fueran los fundamentos de su iglesia, los primeros líderes que trasmitirían a sus sucesores la responsabilidad sobre el rebaño(Hechos 20:28), que de manera especial recaería sobre el que hizo principal de ellos, Pedro. Uno de ellos traicionó vilmente a su Maestro, y el mismo líder le negó cobardemente, para que quedara para la posteridad que los pecados de su iglesia, aún de los principales o del mismo cabeza de todos, no detienen la obra de Dios ni impiden su misericordia; de manera que Jesús le profetizó su pecado a Pedro y conjuntamente su restauración y responsabilidad espiritual sobre sus condiscípulos(Lucas 22:31-32), que le confirmó después solemnemente la misma cantidad de veces que le negó(Juan 21:15-17).
Es esta supremacía de Pedro y sus sucesores en el gobierno de la iglesia, ricamente fundamentada en los evangelios, pues no solo lo vemos encabezando siempre la lista de los apóstoles, aunque él no fue el primero en ser llamado (Mateo 10:2-4; Marcos 3:14-19; Lucas 6:13-16), sino en todos los diálogos más importantes del Señor con sus discípulos, como en todos aquellos eventos donde solo los tres más íntimos podían participar. Además, en el evangelio de Mateo tenemos la cita principal, donde Jesús en primer lugar le muestra a Pedro el porqué le ha puesto este nombre de gran significado profético para él y para la iglesia. El nombre Cefas que en arameo quiere decir “piedra” nos revela el papel que Dios le dio a jugar; en el texto en griego, una lengua mucho más rica, se observa mejor lo que el Señor quiso decir, pues al mismo tiempo que se llama “petros”, es decir Pedro, por ser necesario usar la palabra piedra en género masculino para nombrar a un varón, seguidamente se usa la palabra “petra” para dar a conocer que esta piedra no es una piedra cualquiera, sino una gran piedra capaz de ser fundamento de una gran iglesia; de igual forma en Juan 21:15-17, el otro texto decisivo en este sentido, nuestro Señor encargó a Pedro la responsabilidad sobre su iglesia, que comienza por ser una responsabilidad doctrinal; en este texto de profundo significado y trascendencia única, el Señor ante su inminente ascensión al Cielo, no deja lo que por tanto ha hecho a la deriva, sino que después de un largo recorrido que ha llegado a su final, y en el que durante todo el camino ha preparado este momento, le deja a Pedro su lugar, le deja la increíble responsabilidad de suplantarlo en el gobierno y adoctrinamiento de su iglesia, le transfiere su poder y autoridad como jefe de su rebaño y le hace el pastor supremo del mismo diciéndole “apacienta mis ovejas”, dale tú la palabra a mis fieles, a todos, comunícales tu ahora la verdad, dales después de mi partida el alimento que los mantenga fieles a Mí, discípulos míos; por esto el Señor lo nombró “piedra”, puesto que lo mismo que por revelación pudo reconocerle y declarar toda su dignidad, como nos muestra el pasaje antes citado de Mateo 16:16-19, así por revelación le tocará también manifestar la doctrina básica de la iglesia, como se puede ver en sus mensajes de los primeros capítulos del libro de Hechos de los apóstoles, como reconoció también Pablo (Gálatas 1:18; 2:1-10), y como muy clara y significativamente se puede ver en el primer concilio de la iglesia, el concilio de Jerusalén (15:7-11), doctrina que después fue amplia y sabiamente argumentada y desarrollada por el apóstol Pablo, que hará de los que la crean verdaderos hijos de Dios, discípulos de Cristo, miembros de su iglesia y herederos por tanto de tan grande salvación, imposibles así de ir a condenación, puesto que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Pero además sobre su ministerio y hasta sobre su muerte es que la iglesia se erigirá con fuerza, con unidad, con universalidad y alcanzará lo que está llamada a ser. Esto habla de la firme e insoslayable elección que Dios le hiciera para ser el príncipe de los apóstoles, y del principio divino del orden, la organización y la unidad basada en la jerarquía del servicio.
En conclusión, he aquí porqué la firme disposición del Señor en todo momento de escoger un principal, he aquí los benditos resultados y consecuencias, pues habiendo una máxima autoridad, posibilitará por el Espíritu que todos se nucleen alrededor suyo, y que él sea así, por la autoridad que le ha sido concedida, un poderoso factor de unidad, orden, organización y universalidad, y la iglesia católica sea así el signo que nuestro Señor quiere en medio de este mundo (Juan 17:21-23), y muestre que es la única y verdadera iglesia de Cristo.

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El Protestantismo y El Misterio de Iniquidad.

EL PROTESTANTISMO Y EL MISTERIO DE INIQUIDAD

El misterio de iniquidad, como lo nombra la Escritura en 2 Tesalonicenses 2:7, es toda la obra de maldad que Satanás viene haciendo en el mundo contra la iglesia, desde que ésta apenas nació, y que se verifica en tres grandes formas, las persecuciones violentas y físicas, causándole martirios, torturas y aflicciones de este tipo, representado en un inicio por el poder religioso judío y seguidamente por el poder civil romano, y que se ha seguido verificando a lo largo del tiempo en otros poderes civiles, políticos y religiosos enemigos de la iglesia; las corrientes de pensamiento engañosas que desde el mundo se levantan contra la verdad, propuesta por ella, intentándola penetrar, y que no pocas veces lo logran, representado en la antigüedad por el sistema de pensamiento griego, y en la posteridad por tantas filosofías y corrientes falsas; y finalmente, la forma fundamental y más peligrosa, el surgimiento de herejías dentro de su mismo seno, tergiversaciones impías y malignas del verdadero mensaje entregado a ella por el Señor, que le han acompañado desde los primeros tiempos de su historia.
Esta última es la fundamental y decisiva, por cuanto la iglesia puede y está llamada a sufrir la hostilidad de este mundo regido por Satanás, ya sea con sus mentiras, ya sea con la violencia, pero mientras se mantenga intacta en su condición, no solo no pierde su integridad, sino que se perfecciona y es testimonio y gloria para Dios.
Sin embargo, las herejías si son especialmente dañinas porque atentan contra su pureza, corrompen la constitución misma de su ser, derivando seguidamente en toda suerte de malas prácticas. Por esta razón los apóstoles dedicaron siempre especial atención a la advertencia y lucha contra las herejías, como lo hiciera Nuestro Señor, combatiendo a los fariseos y advirtiendo sobre las contaminaciones de los falsos profetas en su rebaño (Mateo 7:15-23).
Precisamente, a partir de este texto, tenemos el concepto de falso profeta que el Señor introduce, y que nos alumbra, confirmándonoslo en otros pasajes, sobre quiénes son estos personajes. El versículo 15 nos enseña claramente que son hombres que intentan pasar por cristianos, por auténticos cristianos (vestidos de ovejas), pero que en realidad son lo contrario, son enemigos feroces del auténtico cristianismo (lobos rapaces). Por esto en el capítulo 24 de este mismo evangelio, Nuestro Señor nos insiste en que nadie nos engañe(versículo 4), pues haciendo un sintetizadísimo resumen de la historia del mundo y de su iglesia, desde ese momento hasta su segunda venida, nos dice que primero vendrán los fanáticos impostores, que ante la proximidad de la destrucción de Jerusalén y dispersión del pueblo judío en general, empezarán a hacerse pasar por mesías, por el salvador prometido por Dios para los judíos, según ellos lo veían, y arrastrarán a muchos incautos tras sí, lo que aprovecha para advertirnos contra estos personajes, que siempre surgirán ante la posibilidad de algún tipo de cataclismo o guerra, fanáticos que hoy también los conocemos, de sectas de todo tipo, que ante la menor eventualidad abruman a los hombres con toda clase de malos augurios; esta destrucción de Jerusalén, y las sucesivas guerras, enfermedades y cataclismos que se sucederán en la historia, son principio de dolores y nunca la venida misma de Nuestro Señor, que está signada por otros eventos de carácter religioso(la predicación del evangelio verdadero en todo el mundo y la posterior aparición del Anticristo), es su reinado y señorío con vara de hierro sobre las naciones para consumar el plan divino(Salmo 110; Salmo 2).
Pero también de manera paralela, se irá desarrollando el misterio de iniquidad, en un principio matarán a los apóstoles, iniciándose una era de martirios, tribulaciones y odio contra los cristianos bajo el imperio romano; seguidamente el Señor apunta a lo que más señala el desarrollo del misterio de iniquidad, los tropiezos, traiciones y odios que surgirán en muchos y entre muchos, que traerán a su vez el surgimiento de muchos falsos profetas, y la multiplicación de la maldad, con la consecuencia directa del detrimento del amor y los valores más sagrados entre los hombres; pero el que permaneciere, el que se mantenga en la fe original de los apóstoles, dada por ellos a la iglesia católica, el que permanezca firme sin dejarse influenciar por todo este desarrollo diabólico de la maldad, se salvará(versículo 13).
O sea, que un paso decisivo en el desarrollo de este misterio de iniquidad será el surgimiento masivo de estos escandalizados, que tropiezan y se traicionan y odian mutuamente. La Escritura no da ninguna justificación ni atenuante para ello, simplemente hace énfasis en su total responsabilidad y en su absoluta culpa, debido a su falta de fe (en contraste con los del versículo 13), por la que no comprendieron la doctrina y prácticas de la iglesia, que podían ser bien distinguidas de los abusos que pudieron haber sido cometidos. Por tanto todos estos escandalizados, autoproclamados reformadores, tropezaron, dieron un decisivo paso en el desarrollo del misterio de iniquidad, crearon cada vez más divisiones y un escándalo peor que el que ellos decían combatir, produciendo enemistades, odios y traiciones entre ellos mismos, y el surgimiento continuado de una estera de falsos profetas que aún hoy no se ha detenido, hombres y mujeres que diciendo ser enviados de Dios, enseñan nuevas y cada vez más pérfidas doctrinas en correspondencia al desarrollo cada vez mayor del misterio de iniquidad.
Es por esta multiplicación de la maldad en el mundo que muchos creerán en estos falsos profetas, y el amor de muchos se enfriará; lo que quiere decir que traerá perjuicios directos a los hombres y a su sociedad, como lo hemos podido ver en el curso de la historia de Europa después de la irrupción del protestantismo, especialmente en Alemania que fue cuna de este movimiento. Después de las largas luchas religiosas y políticas que dejaron desbastado su suelo como causa directa de la llamada Reforma, se dieron en ella varios movimientos intelectuales insólitos; en el siglo XVIII surgió el racionalismo en la crítica textual bíblica, que pretendió acabar con la autoridad de las Escrituras, y que quiso penetrar en la iglesia católica y hasta cierto punto lo hizo, ante lo cual el papa San Pío X se pronunció severamente; también se empezó a desarrollar un neopaganismo germánico de distintas variantes en filósofos como Fichte, Schelling, Schopenhauer y especialmente en el que llegó a la cúspide de la maldad: Nietzche; este, hijo de pastores protestantes, no por casualidad, lleno de dureza, resentimientos y otros bajos sentimientos, ha sido sin duda el intelectual más confesamente anticristiano y diabólico que ha existido, con una exaltación maligna de la fuerza, la violencia y la impiedad, se opuso a la humildad, compasión y misericordia cristianas, matizándolo con el delirio del paganismo germánico, todo lo cual sirvió de base ideológica al más satánico movimiento que ha habido sobre la tierra, el movimiento nazi.
De igual forma el protestantismo fue el origen de un proceso de secularización extremo, que ha desembocado en una Europa casi totalmente descristianizada y consumista; era necesario pues un proceso de secularización sano de aquella sociedad teocrática de la edad media, pero que si hubiera sido hecho bajo la tutela de la iglesia católica se hubieran podido conservar mucho más los valores cristianos, como sucedió cuando irrumpió el Renacimiento en Italia y de ella a todo el continente, que fue modernizándolo sin que perdiera su esencia y matriz cristiana aún cuando la sociedad necesariamente se desacralizaba.
Fueron estas pues las consecuencias del orgullo, la rebeldía y los principios individualistas de estos supuestos reformadores, que llenaron con sus falsedades todo el norte de Europa; sin embargo sus principios y sus personas por ende, ya habían sido condenados por la Escritura en la segunda epístola del apóstol San Pedro, la roca de la iglesia, de cuya comunión se separaron, el cual les dejó claro su veredicto, “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”(2 Pedro 1:20-21), lo que equivale a decir que en las cuestiones básicas, esenciales y fundamentales de la fe, como es aquí la segunda venida de Cristo, es necesario y correspondiente someterse al criterio de la iglesia, al criterio con que el Espíritu fielmente asiste a la iglesia por tratarse de algo decisivo para la salvación, y nunca anteponer a este testimonio una interpretación particular, privada, apartada y contraria a este testimonio eclesial, pues sería humana y por ende herética, esto es lo que el apóstol proféticamente dice dará lugar a los falsos maestros dentro de la iglesia, continuadores de los falsos profetas del antiguo Israel, para los que expone un largo y triste cuadro de condenación(capítulo 2); y es que el mismo dando el ejemplo, a pesar de ser el pastor supremo de la iglesia en la tierra, cuya responsabilidad el Señor le declaró, como él lo recuerda(2 Pedro 1:12-15; Juan 21:15-17), no antepone la gran visión de la Transfiguración, que el Señor le dio junto a Santiago y a San Juan, como muestra de su gloria, con la que vendrá en su segunda venida y que toda la iglesia conocía, al testimonio de la Escritura esclarecida por el Espíritu Santo a la iglesia, sino que pone esto último como testimonio más seguro para la fe en este trascendental y decisivo acontecimiento(versículos 16 al 21), dando así muestra de lo muy superior y escritural del criterio objetivo católico, obediencia al testimonio histórico de la iglesia, testimonio del Espíritu, sobre el criterio subjetivista e individualista protestante, fe en la interpretación privada de cada individuo, testimonio del hombre. El peligro de este criterio subjetivista se ha hecho patente en el decursar del tiempo; después no se ha tratado solo de una interpretación particular del texto sagrado sino en imponer a los demás como regla de fe y testimonio a creer, ser seguido y obedecido, supuestas visiones, llamamientos y misiones conferidas privadamente, dando lugar a sectas cada vez más extrañas y apartadas de la iglesia y del único y auténtico cristianismo que ella porta, así se han hablado de visiones de ángeles y de falsos mesías, cumpliéndose la profecía de Nuestro Señor, así han surgido los adventistas, el bando evangélico de Gedeón, los mormones, los testigos de Jehová y otros tantos, como muestra de la continuidad del desarrollo del misterio de iniquidad. Por último, y no porque sea la última secta que haya aparecido ni mucho menos, el movimiento pentecostal, que surgido a principios del siglo pasado en los Estados Unidos, meca de las sectas, ha crecido con más fuerza, y está como invadiéndolo todo; este movimiento es puesto en la Escritura como la cumbre del misterio de iniquidad, un movimiento que lleva el subjetivismo y la anarquía protestante hasta el delirio y la locura, dando paso al poder del Maligno, al cual Dios permitirá en los últimos días que se manifieste plenamente en la persona del Anticristo y del Falso Profeta, por lo que en el citado capítulo 24 del evangelio de San Mateo, el Señor pone como principio del fin la manifestación sacrílega de este hombre de pecado ante los judíos(versículo 15) y todas sus siguientes manifestaciones de gran poder para tratar de arrastrar el mundo tras sí, y tratar de engañar si fuere posible aún a los escogidos(versículo 24), para lo que el Señor usa nuevamente el término “falsos profetas”, que ya había utilizado en el versículo 11, para relacionarlos con todos los impostores que se levantaron a lo largo del tiempo a partir de esa fecha de los tropiezos masivos, añadiendo aquí “falsos Cristos” puesto que se trata de dos personajes supremamente diabólicos, llenos del poder de Satanás, cumbres de todos los falsos Cristos y falsos profetas de la historia, englobándolos a todos, siendo ambos a su vez falsos Cristos y falsos profetas, porque aunque uno es el líder, más político, con afán de imperio sobre el mundo, por lo que se presenta como verdadero salvador(falso Cristo), todo lo hace con un fuerte propósito y cobertura religiosa, presentándose como enviado de Dios(falso profeta), y después como Dios mismo, mientras que el otro es el netamente religioso, que todo lo hace en función de la adoración del primero, de sus aspiraciones de dominio mundial y de figurar como el verdadero salvador del mundo, de modo que también es un falso Cristo que dice tener la salvación del mundo en la mano, haciendo que todos se rindan ante el Anticristo y lo adoren, y es el falso profeta a su vez por excelencia, porque se presenta como la suprema voz y mensaje de Dios, llevándolos al más nefasto engaño, apoyado en el gran poder de sus señales(Apocalipsis 13).
Por último, el texto de Hechos 20: 28-30 es más que claro y elocuente, afirmando la doctrina católica de siempre, contra la que también sin cesar se han levantado los protestantes. San Pablo nos muestra como la iglesia es entregada a los obispos, como sucesores directos de los apóstoles en el gobierno y en la responsabilidad de adoctrinamiento de ésta, pero sabe que vendrán estos lobos rapaces de que habla Mateo 7:15, que harán daño al rebaño del Señor, y que de la mima iglesia saldrán algunos de estos impostores.
Por tanto podemos ver la conexión que establece la Escritura, para conceptualizar y definir a los falsos profetas, entre el texto de Mateo 7:15-23, donde se nos habla de sus prácticas y presunciones engañosas, el juicio del Señor, y su destino eterno, Mateo 24:4-24, texto básico, donde se nos habla de su desarrollo en la historia como expresión del misterio de iniquidad y Apocalipsis capítulo 13, donde se nos muestra su manifestación plena y consumada en el mundo, pasando por 2 Pedro 1:20-2:22 y por este texto de Hechos 20-28-30, que nos brindan detalles y características.
Así pues, solo podemos concluir, diciendo con San Pedro, la roca de la iglesia, un texto proféticamente alusivo a ellos, que han basado sus doctrinas fundamentales en erradas interpretaciones de las epístolas del apóstol San Pablo: “y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.”(2 Pedro 3:15-18).
Residencia del autor: Juan David Martínez Pérez.
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